Un cuerpo que escribe, visita al "Primer Festival Internacional de Videodanza de Revista Mariné" y tiene preguntas sobre el encierro detrás de las pantallas.
Por Jezabel Amín
Después de un sábado con dos ensayos sobre dos obras teatrales distintas en las que participo como actriz y una clase en el Estudio de Teatro “El Cuervo” dictada por Martín Diesse, llego demorada a Casa Doppler. Son las 21:10, todo empezó por lo menos un par de horas antes. El manejo del tiempo en este mundo, es desafiante. Y hoy disfruto reconocer que sólo puedo estar en un lugar a la vez (pertenezco al mundo antiguo).
Un grupo de gente mira a una pared donde están proyectando imágenes de una mujer, se ven recortes de su piel, manos, el vestido brilloso, las curvas, unas copas, una botella de Champagne. Voy llegando de a poco al espacio, mi mundo circundante anterior tarda algo en desaparecer. Después me entero que se estaba compartiendo Vernissage. Sin duda la cámara hace una otra danza, con la danza. Confieso mi preferencia por el cuerpo vivo, en vivo, pero entiendo que hacia adentro de las pantallas está yendo casi toda la humanidad.
Veo otros videodanza (Astilla, La Casa, Psicómata), tomo un vaso de vino con empanadas, converso algo con Marina Amestoy. Le transmito mis ganas de volver a ver los trabajos y felicito por todo lo hecho. Soy testigo de que ella trabaja un montón. Vuelvo a quedarme con las ganas de profundizar en la descripción de los trazos, los signos, la belleza, la fotografia, los juegos de luz, los conceptos. Pero tengo que limpiar mi casa, generar dinero,preparar clases, estudiar. La escritura que elijo hoy me pide que haga un pozo en el tiempo cotidiano y me hunda ahí, para observar y decir. Después recibo acusaciones de que soy una burbuja, de que la realidad es una y “yo” creo pertenecer a otra. La tiranía y la manipulación abunda en el mundillo de las artes escénicas, quisiera no vivir alerta. Mi amiga Verónica Donadio, en otra conversación, en otro tiempo-espacio, dijo que quiere algo parecido.
En algún intermedio, baila @zetache. Viene un recuerdo otra vez a mis ojos mientras contemplo el presente. Recuerdo a lxs jóvenes de F.A.C.E. y las danzas compartidas en el piso que hace pocos días atrás fue desmantelado. La alegría que siento por los gestos de las intérpretes y mis ganas retenidas de bailar, se transforman en llanto contenido. Las afecciones que se mueven entre los cuerpos en un espacio compartido, a veces quedan en una capa silenciosa que no se transmite a ninguna pantalla, pero igual existe. Mis ganas encapsuladas en las ingles son mis ganas de vivir, vibran todavía.
Las bailarinas de “Zetache” son una fiesta, cada sonido, un movimiento. Ellas creando imágenes en el espacio, en relación a la música, siendo una partitura humana a cambio de… ¿todo es un intercambio en estos tiempos ficcionalizados? Gracias a las sonrisas danzadas por ellas, a la posibilidad de compartir una otra vibración en el concreto espacio, cambio de página en la memoria y respiro mejor dejando una zona trágica, volviéndome más liviana en relación, pero sigo sin entender qué es lo que permite que la vida florezca. Bailarinas, gestoras, productoras, escritoras, actrices, cantoras, cuidadoras, hacedoras, cuantas mujeres haciendo tanto por amor. ¿Por qué nos falta o nos sobra?.
“No se puede vivir del amor”. Dice la canción de Andrés Calamaro.
Ahora que escribo desde mi vieja computadora personal y evoco memorias, vuelvo a la pregunta ¿Por qué escribo? Y me detengo. Ya entré a las hojas por acá y sé que llego a un lugar muy oscuro. En el fondo tengo total certeza de la inutilidad de mi tarea. Sin embargo, insisto. Porque el trabajo, la lucha en, por, a través de la vida se manifiesta en mis labios verticales y ya llegó la primavera.
Tengo terror de no poder seguir adelante con mis sueños, de las injusticias, de que se quiebren los lazos afectivos que me despiertan de la sombra. Y, sin embargo, la máscara la puedo presentar en calma, llena de cariño, y al volcán de la supervivencia lo baño de confianza en lo real y en la operatividad del lenguaje. La autodestrucción de la humanidad tiene su contrapunto, también hay personas que saben que los cuerpos tienen su propia inteligencia orgánica y pulsan por la vida. La escucha de la memoria de los huesos es fundamental. El contacto cuidado y respetuoso, también.
¿Desde qué lugar vivís tu piel? ¿La vivís?
Stills: Vernissage (Argentina, CABA)) , She sprang out red (República Dominicana), Médanos (Argentina, Ituzaingó) , Mención (Chile) , Nunca Más (Argentina, Córdoba), Pasos (Argentina, Córdoba), En el gran esquema de las cosas (República Dominicana), Astilla (Ecuador), Nudo en la garganta (México) , Dejar Una Huella. (Francia), Omnia Citra Mortem (Brasil). (12 ganadoras, 3 primeros premios, 3 distinciones de honor, 6 obras premiadas del festival)
Me vienen imágenes de Astilla, fue mi favorito. Quiero volver a ver ese trabajo. Su paleta de colores, la madera, las luces y las sombras, la integridad de un alma marrón expuesta a la cámara. Qué privilegio conmoverse con la belleza. Para poder contemplar y dejar que el paisaje interno se transforme, Marina A. renueva propuestas y me renueva. Ella como directora de obra, de la revista, de festivales, de talleres. Ella como madre, como hija, como amiga, como gestora, productora, creadora. La lista sigue. Acá “un cuerpo que escribe” elige dejar de nombrar lo propio, para nombrar el trabajo de alguien más. Cambio el foco. Soy el fondo.

Comparto procedimientos de creación escénica que también son de escritura, te estoy compartiendo una forma de guiar la atención.
¿Cómo estás respirando ahora?
Los poderes podridos del mundo pelean por tu atención. No se la des a la guerra, a la desigualdad, al estrés económico, al violento, al abusador, al patriarcado, al feminismo. Dáselas a la guerra, a la desigualdad, al estrés económico, al violento, al abusador, al patriarcado, al feminismo.
¿Sos dueña de tu atención?
¿Cómo estás respirando ahora?
Vivimos siendo hablados por discursos ajenos, ni nuestro idioma es propio y creo en la importancia de lo propio (y creo que se puede pensar más allá de la lógica capitalista, aunque sigamos encerrados en ella). Creo que quienes muchas veces levantan la bandera de lo colectivo pueden ser grandes manipuladores y que la tentación de expandir su cuota de poder, muchas veces les deforma. El campo porteño de las artes escénicas oculta una larga lista de episodios tenebrosos. Es más fácil celebrar todas las obras con palabras edulcoradas para ser parte de una infinita red de reconocimientos, es más fácil hablar de lo que la sociedad supuestamente ignora y nosotrxs, lxs artistas, venimos a iluminar. Es más fácil decir “está todo bien”, que atreverse a nombrar lo incómodo. Me silencio porque después me acusan de generar estrés por mis críticas. La mujer, la sombra, el silencio. ¿Cuánto callamos para que la máquina no se detenga?
Muchas veces, las pulsiones primarias que mueven las cosas son vestidas con discursos sin sustancia de realidad. ¿Los juegos escénicos pueden ser peligrosos, si aplastan a los mundos circundantes, si son homologantes y fingen olvidar que las jerarquías también son constitutivas de la humanidad?
Llega al mundo una criatura, con suerte tiene un entorno que lo atiende, alimenta, abraza, le explica qué sí, qué no, le habla de una realidad. No es lo mismo alguien que recién se asoma, a alguien que tiene más de cuarenta y fue víctima de su desilusión cientos de veces (la danza de las proyecciones es imposible de evitar y abundan los malos entendidos). Cuando te venden un discurso de paraíso, tené cuidado. Un discurso de cortesía, de ternura, de amorosidad sin fin, cuidado. Cada vez entiendo más a mi madre. Ella me dijo que si seguía viendo todo con ojos de fantasía, entre hadas y duendes, me iban a comer los lobos. Tenés razón, mamá. Pero la que volvió del espanto, la herida, se come el lobo entero y ya no quiere más pelear todo el tiempo con el mundo. Simplemente prefiere dejar ciertas maneras masculinas, atrás.
Quiero, aunque sea mentira, vivir algo de paz. Tu cuerpo, mi cuerpo, siempre necesita un lugar para estar. Bailar, ver una película, comer con otrxs, leer, cantar, hacer teatro, oler la tierra mojada, besar. Somos adultos sexuales. ¿Pero tenés tiempo para las caricias? ¿Tenés tiempo para charlar entre mates?
Toda esa fuerza vital que le extraen a cientos de trabajadores los poderes podridos del mundo, ¿a dónde va a parar? Los cuerpos de la danza siguen danzando, también en las pantallas, interpelan, comparten preguntas, dan aliento, hacen críticas, nos recuerdan que también pertenecemos al reino mineral, vegetal, animal. ¿Quiénes los están mirando? ¿Cómo conversamos con lxs demás?
Le pregunté a Marina que piensa de la amenaza de la IA, nos reímos juntas, llegamos a la conclusión de que ya estamos muertos y no lo queremos aceptar. Por la posibilidad de reírse de la propia tragedia y por tener a dónde ir, casa allá, casa acá, casa es mi cuerpo, brindo sin olvidar que son demasiadas personas que se quedan sin techo.

Para seguir pensando los cuerpos, las imágenes y la experiencia
Si este recorrido por REFRACCIÓN 2026 abrió preguntas sobre el cuerpo, la imagen, la tecnología, la percepción y las formas en que nos relacionamos con aquello que vemos, desde Libros Mariné recomendamos tres lecturas para seguir pensando por otros caminos:
Un libro fundamental para profundizar en las relaciones entre danza y tecnología. Temperley propone distintas herramientas teóricas para pensar la videodanza y sus modos de interacción con la imagen, la mediatización y el cuerpo.
Trece ensayos que abordan la experiencia desde la fenomenología y sus vínculos con el cuerpo, la conciencia y el arte, con aproximaciones a la danza, la actuación y la música.
Una mirada sobre la constitución del yo a partir del cuerpo, el lenguaje, la experiencia sensorial y el vínculo. Una lectura que permite prolongar algunas de las preguntas que atraviesan esta escritura: ¿desde dónde vivimos nuestra piel?, ¿cómo se inscribe la experiencia en el cuerpo?, ¿qué sucede cuando intentamos ponerla en palabras?
Tres libros para volver sobre aquello que las imágenes dejan abierto: el cuerpo como experiencia, la mirada como construcción y la escritura como otra manera de acercarnos a lo que todavía no terminamos de comprender.
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