De donde venimos y hacia donde vamos. Sobre "Cascotera"
Por Luna López Heine
Cascotera | Performers: Belén Coluccio, Natali Faloni, Josefina Imfeld. Diseño de luces: Matias Miranda. Voz: Melina Moguilevsky. Asistencia: Belara Michán. Dirección: Belén Coluccio, Cinthia De Levie. Composición Sonora: Ailin Grad. Duración: 50 minutos Funciones: Sábados, de septiembre, 21:30 hs en Fundación Cazadores (Villaroel 1440).
“Nosotras queríamos hacer algo con nuestro cerebro. Explorarlo, para volver al principio de lo posible y lo imposible, a la oscuridad primaria, a la cascotera de donde salimos.”
Así presentan sus creadoras a Cascotera, la obra presentada en Fundación Cazadores durante septiembre de 2026, dirigida por Belén Coluccio, interpretada por Belén Coluccio, Natali Faloni y Josefina Imfeld.
Un viaje exploratorio al cerebro, una expedición que desde el comienzo intuimos que no puede llevar a ningún lado. Todo lo que podríamos hacer si pudiéramos explorar nuestro cerebro, bucear por nuestros pensamientos para desenredarlos.
Tres performers en escena. Hablan entre ellas pero no escuchamos. Pareciera que el sonidista no hace caso de la presencia de los espectadores, porque la intensidad del volumen no nos deja percibir lo que dicen. Casi como si no quisieran que las escuchemos, identificamos palabras recortadas, imperceptibles.
Comienza el viaje. Como una radio sin sintonizar que no podemos apagar, la primera mitad de la obra nos sumerge en un delirio colectivo. Acompañamos a las performers que, en una abducción creciente, tomadas por sus ondas cerebrales, sintonizan su danza a un ritmo repetitivo que tensiona los lugares comunes. No confundamos, sin embargo, repetitivo por monótono. Es una repetición en forma de búsqueda constante que, del otro lado, genera una suerte de hipnosis por parte del espectador: buscamos con ellas algo, aunque no sepamos muy bien qué. La repetición también hace que cada nuevo movimiento se vuelva más perceptible: un cambio de frente, o una vibración que logra viajar de una extremidad a otra son un mundo para quien observa. Por momentos, si imaginamos la sala a oscuras, iluminada por luces de colores, podríamos estar en una fiesta de música electrónica, sumidxs en un trance colectivo.
La obra es incómoda porque nos recuerda nuestra condición de espectadores. Nos da ganas de subirnos a ese viaje, de estar en la pista y olvidarnos un poco de nosotrxs mismxs, pero no podemos. La música es fuerte, la luz es muy blanca, las paredes están cubiertas de un plástico que rigidiza el ambiente, y vemos a tres personas moviéndose incansablemente. Eso que nos agobia nos mantiene, paradójicamente, expectantes: en esa repetición está la posibilidad de que surja algo nuevo. Para encontrar nuevas formas, hay que agotar las conocidas.
Intento número 1 de entrar a la mente: No. Otra.
Intento número 2 de entrar a la mente: No, otra.
Intento número 3 de entrar a la mente: No, no. Otra más.
A la fuerza no se puede entrar. Hay que explorar otros canales.
La resina, que las performers separan cuidadosamente de su base, frotan entre sus dedos y pasan por sus cabellos, los deja brillantes y húmedos. Es un material maleable, dócil, el medio perfecto para quebrar la rigidez de los muros mentales, para deslizarse hacia los adentros.

PH: Ana Rodríguez Baños
Del movimiento incesante del comienzo no queda mucho al final, cuando presenciamos, durante unos buenos minutos, a las performers sentadas en ronda. Una de ellas, con un vaso con agua dado vuelta en la cabeza. Adoptar la creencia de que quita las migrañas y la insolación, y usarla como recurso: quizás, al final, para acceder a la mente necesitamos quietud y observación.
Lo interesante de Cascotera es que es un viaje sin destino aparente, una búsqueda que no tiene la intención de ser más que eso. Como obra, no tiene un inicio, desarrollo y desenlace en términos clásicos. Sí tiene –y por eso logra construir un ambiente particular– altibajos de intensidad. La obra crece y decrece y en ese no orden jerárquico de las cosas, deja al espectador un poco desconcertado, en el buen sentido de la palabra. No explica ni resuelve, presenta, y da lugar a que del otro lado, experimentemos nuestro propio recorrido hacia la mente.
Para seguir pensando el cuerpo, la investigación y la creación
En Cascotera, investigar es probar: repetir un movimiento, insistir, descubrir que un camino no funciona y buscar otro. La obra parece construirse a partir de esos intentos, de esa pregunta que vuelve una y otra vez: ¿cómo entrar en aquello que todavía no podemos conocer?
Modos de Investigación que Crean Obras reúne experiencias y reflexiones sobre procesos en los que investigar no ocurre antes de la creación, sino dentro de ella. En ese sentido, dialoga directamente con la lógica de Cascotera: hacer, probar, volver a hacer, encontrar en el propio procedimiento nuevas posibilidades para la obra.
Esa insistencia también aparece en Investigar modos de investigar, que pone el foco en los procedimientos mismos de la búsqueda. Porque en Cascotera no alcanza con intentar entrar a la mente una vez: hay que cambiar de estrategia, explorar otros canales, abandonar una posibilidad y volver a empezar. Investigar es también preguntarse cómo estamos buscando.
Y cuando la repetición empieza a revelar pequeñas diferencias —un cambio de frente, una vibración, un movimiento que antes no habíamos percibido— aparece otra pregunta: ¿qué hacemos con aquello que sucede en el tiempo? Archivar Danza(s), Archivar Tiempo(s) propone pensar justamente las formas de registrar, conservar y volver sobre las experiencias de la danza, sobre esos acontecimientos corporales que suceden una vez pero pueden seguir produciendo sentido después.
Tres libros que, desde distintos lugares, prolongan algunas de las preguntas que deja Cascotera: cómo investigar, cómo crear a partir de la búsqueda y cómo volver sobre aquello que el cuerpo produce en el tiempo.
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