Piel de texto.
- Jezabel Amin

- 22 abr
- 9 min de lectura
A pedido de Revista Mariné, un cuerpo que escribe versa desde una mirada íntima su relación con la hiper disponibilidad de imágenes y los dispositivos en el mundo contemporáneo. Aportes desde la técnica Alexander para el cuidado de unx mismx.
Tengo la suerte de recordar la llegada de la PC a mi vida. En la escuela primaria voy a la sala de computación y hago dibujos con una tortuga naranja, a la cual le tengo que dar indicaciones para que haga líneas sobre un fondo negro. Indicaciones para que ella rote, avance y otras tareas básicas. Tengo la foto mental de esa pantalla en mi memoria, voy a ese recuerdo, me parece que estoy ahí. Entusiasmada, con ganas de entenderlo todo, con la tortuga naranja como aliada para crecer en el mundo.
En este momento, a mis cuarenta años, escribiendo en el teclado sucio de mi computadora, escuchando el ruido del golpe en la máquina, reviso las fotos mentales y aún quedan restos de esa niña que aprendía a poner palabras cortas y números en un dispositivo, era otro el teclado, ¿y “yo”? A esa niña le daban indicaciones, ella daba indicaciones a otra cosa y así la sucesión de órdenes se multiplica indefinidamente.
El aula también es un dispositivo. Se otorgan roles, hay alguien que da órdenes, otras personas las siguen. Siendo pequeña, me aparecían preguntas, pero no había grandes cuestionamientos, había curiosidad, deseo de aprender y crecer. El desarrollo del pensamiento crítico y de mis caderas, trajo otras visiones de la educación. No siempre con tanta idealización, no siempre con tanta asimetría de poder. Casi siempre con ganas de conocer más. Mi apetito insaciable a veces me juega en contra, a veces a favor.
Alguien que enseña no siempre da órdenes, lo sé. Puede compartir procedimientos, transmitir algo del mecanismo que él_ella usa para comprender algo. No voy a profundizar en cómo aprendemos lo que aprendemos, el fondo reflexivo no tiene fin. Esta nota no es una clase, además. Aunque también quiera transmitir algo a un otrx ser. El trabajo docente no está valorado ni bien pago, la escritura tampoco. Además, esto de creer que tengo mucho para compartir cuando ni siquiera puedo pagar mis expensas, me tensiona el esternocleidomastoideo. Mer Sevares lee esta última frase y me pregunta qué tiene que ver una cosa con la otra. Me hace notar en la trampa que había caído para seguir azotándome por mi falta de autonomía económica.
Una persona vale independientemente de sus saberes y de que sus saberes sean reconocidos y bien remunerados también. Escribir es un trabajo, dar clase también. De ahí a que pueda ganar el dinero suficiente con esta labor, es otra cosa.
Me educaron para que sea un individuo soberano de sí y todavía no llego. Tuve muchas cosas a favor en mi vida (también en contra) y sin embargo, sigo escribiendo creyendo que es lo más importante que puedo hacer por mí y por este mundo. ¿Un delirio o una creencia funcional al cuidado de los días?
Hace unas semanas, hablé con un amigo milonguero comentándole mi preocupación por mi relación con la escritura y me dijo que tal vez no tenía que cambiar el qué (en este caso, escribir), sino el cómo. Me gustó escuchar eso. La importancia de la conversación para la humanidad es clave, cuando los reyes del mundo pierden el diálogo como puente, tiran bombas, matan gente. La trama social se desgarra. La incertidumbre, la ansiedad, la conciencia de que estamos destrozando el planeta, puede hacerte creer que toda acción singular es pobre al lado de la enorme capacidad de daño que tienen las acciones de los poderosos. ¿Qué hacemos con este mundo?
¡Todavía hay esperanza! Vos contás con vos mismx y sos en relación a otrxs, y “yo” también. Somos más las personas queriendo vivir una vida en vínculo amoroso con el espacio que nos rodea, que los asesinos. Aunque también tengo la capacidad de matar. No voy a caer en el relato absurdo de que hay buenos y malos, víctimas y victimarios, pero sí quiero tomar posición. Hoy, después de haberme querido morir demasiadas veces, quiero cuidar y defender la vida, ¡resurrección! Y reconozco que no estoy en condiciones de arrojar piedras a los pecadores, “yo” podría ser asesinada a pedradas. Si me preocupan los humedales, entonces mejor ordeno mi casa. Tengo la dicha de tener una casa.
Estoy fumando un cigarrillo en este momento. ¿Soy una contradicción? También eso, a veces sí. Pero no voy a fumar toda la vida como hizo mi abuela, ni culpar a otrx por mi debilidad (las instituciones, el capitalismo, la iglesia católica). Ahora hay momentos en donde lo necesito como gesto para transformar la ansiedad y angustia que también me da el hacerme adulta responsable. También compongo otros gestos menos autodestructivos. Eros y Tánatos, la trama profunda permanece.
Quienes se pasan generando un discurso defendiendo un modelo de cómo las cosas deben ser (las obras escénicas, las clases, las conductas, los nichos, las comunidades, los enamoramientos, la sexualidad, la cordialidad, la alimentación, la familia, etc.), deberían confesar sus torpezas, sus fracasos, sus miedos, errores, hablar desde sus agujeros más seguido. No estoy escribiendo para defender lo roto, la tristeza, lo oscuro, lo escatológico, pero sí quiero recordar que lo real, lo inalcanzable, es también un campo de acción. Pensar lo ideal es bueno en relación a lo posible: ¿cómo componés tus acciones en lo cotidiano? “Yo” acepto mis imperfecciones mientras lavo los platos y reconozco mis limitaciones. Quiero llevar mis palabras a la acción: el mundo está mal hecho, hay que rehacerlo.
Antes, observación en clave inhibición, dirección, control primario. Principios de la técnica Alexander. Si estos conceptos no significan nada para vos todavía, date un tiempo. No todo tiene que ser accesible en una primera mirada. Podés escribirme tus preguntas también (@jezabelamin). Técnica Alexander. Esa es mi contribución a mi salud y la de otrxs.
No hago responsable a un dispositivo (la computadora, las redes, el celular, la escuela, la familia) por mis debilidades. Sigo creciendo, sin olvidar que no soy ángel, aunque juegue a hacerlo a veces. A vos, ¿qué te pasa en la piel en estos días? ¿Cómo te afecta la ciudad en las pupilas? ¿Y en tu cuello? ¡La vida es un montón de existencia! ¿Qué me, te, nos queda entonces? ¡Cuidar la vida cotidiana! Sin olvidar a todxs los que no pueden hacerlo. Siendo conscientes del uso del tiempo. “El tiempo no es sólo el río donde voy a pescar”, escribió Thoreau en La vida en los bosques. Lo sigo.
No creo en el individuo soberano absoluto como un círculo cerrado y perfecto sino como un ser en relaciones, un ser ambientante (como escuché decir a Eugenia Estévez alguna vez) y repetí tantas veces. “Yo” puedo decir que aún con mis fracasos, sigo apostando al “control consciente y constructivo del individuo” (cito un libro de M. Alexander). Quiero trabajar siguiendo también a otras voces que me nutren, lo que practico a través de la técnica Alexander, es lo que me rescata cada vez que caigo en el hábito psicofísico de estar pensando en que todo está mal, que todo va a ir peor. Sobran razones para deprimirse, eso está claro. No quiero ir por ahí. Mejor pausa dinámica y respirada, llevo atención a mi respiración antes de seguir regalando palabras. ¿Alguien lee?
Gracias a la práctica de la técnica Alexander, a las danzas, al teatro que me habita, reconozco que el campo perceptivo es maleable. Entonces, mejor imaginemos otros futuros posibles. Volvamos a ver el presente desde otro punto de vista, no sólo desde el miedo al apocalipsis. Seamos adultos responsables.
Ahora, ¿cómo percibís tu cuerpo? Te invito a observar primero, sin ir a corregir. Vos podés elegir si llevás tus ojos a un libro, a un video de Tik Toc, a tu ventana o al esternón. No siempre, claro. A veces el estímulo se impone y no sos vos, ni “yo” haciendo de manera consciente, sino que seguimos indicaciones, órdenes, sugerencias, impulsos, adicciones, mandatos, energías que no dirigimos. Acá es donde el deseo de adueñarme de mi tiempo se reactiva, esto es lo que siento que hago cuando me siento a escribir y quiero compartirte algo a vos. Por eso, sigo militando la escritura. Aunque diga “no puedo salir de las hojas, vivo la biología de esa metáfora”. Hoy sé que un refugio no es una cárcel, un hogar no es una jaula, una familia no siempre es un campo de torturas. A veces está bueno mezclar, otras diferenciar y ordenar.
Una hoja en blanco es un portal. Un mapa, pero no un territorio. La frontera entre lo sutil y lo denso es porosa, permeable, habitable, ahí hay un “entre” interesante que permite cultivar maneras de cuidado de sí (que es del otrx). Algo de eso, algo de lo que aprendí es lo que me gustaría poder pasarle a alguien más. Porque sí, algún día también “yo” voy a morir. En este juego de pasaje de la vida, donde un cuerpo, deviene en otro, estamos todxs. Gestando desde la carne o no. Y a la hora de relacionarnos con cosas metálicas, plásticas, duras, frías, no olvidar también el valor del contacto tibio, la necesidad de rozar la piel con otras, la importancia del agua. Puedo escribir sobre la importancia de lubricar las articulaciones con ganas de vivir, de lo lindo que es que te abracen, de lo que puede cambiar tu vida bailar con otrxs, bailar solx también. De lo que acompaña la música, una lectura, de lo bien que hace poder poner los pies en la tierra, los pies en el río, de lo que te cambia salir a caminar, mirar a los pájaros, recibir una caricia, sentir el peso de otro cuerpo sobre el tuyo. Puedo escribir sobre los olores, sobre el éxtasis de que te besen el cuello y acerquen una nariz a tu oreja, puedo hablar de la importancia de la gentileza entre las sábanas, del cariño antes, durante, después.
Mis años sin sexo no me quitan esa autoridad de poder dar palabras sobre lo que conozco, diría que,
todo lo contrario. Gracias a la falta, reconozco el valor supremo de los cuerpos en relación: somos adultos sexuales y afectuosos. Me propongo y te propongo, buscar maneras de aprender cosas de la vida, que no siempre sean a través del sufrimiento y el sacrificio, ni de una pantalla. Con esfuerzo, disciplina, constancia, perseverancia, trabajo. También fuga. Hay que dar energía para recibir. Tener buen sexo con la vida, disfrutar el viaje, tanto como la consumación del orgasmo. Insisto, aunque nadie me pague, ni escuche: “vos” sos el dueñx de tus días y si te sentís esclavx de otrxs (familia, maestrxs, instituciones, mandatos, etc.), encontrá cómplices para amar y tejer tramas que alimenten las sonrisas, el consuelo recíproco ante la inclemencia, ante la violencia demencial de los opresores, mejor estar en relación, en relaciones. La libertad no va a dartela el rey loco, por favor, no dejes que la propagación del daño contamine tus aguas. Y si tenés un ritmo lento, de tortuga naranja en fondo negro, como en la PC de mi infancia, como lo tengo “yo”, no te preocupes, date tiempo, reconocé tus necesidades, organizá tu unidad psicofísica para satisfacerlas.

Ojalá puedas practicar semisupina diariamente. Date 10 minutos de llevar tu espalda al piso, con un librito que sostenga el peso de tu cráneo. Permití que la musculatura descanse y ocupe su espacio, invitando a liberar tensiones innecesarias, mientras llevás atención a la manera en que estás respirando. Rodillas dirigidas hacia el techo, piernas flexionadas, ¿conocés la distancia entre tus talones e isquiones? ¿Te gustaría aprender recursos simples de autocuidado?
Ese es mi aporte concreto hacia mi salud y la de otrxs: descanso constructivo, técnica Alexander. Los jueves a partir del 7 de mayo voy a estar guiando un Taller grupal presencial de Técnica Alexander, de 19 a 2030 zona Belgrano (cupos reducidos). También facilitando actividades desde la isla, mi hogar en el delta argentino, los lunes de 19:30 a 20:30 virtual: Espacio de práctica de Técnica Alexander, Escritura y Movimiento. Escribime a @jezabelamin para más información.
Insisto que es clave darse espacios de encuentro, trabajo, aprendizaje, descanso, cuidando lo vincular. Justamente porque es lo que está riesgo en el mundo de los reyes dementes. Si el tejido conectivo social está enfermo, atención a las pieles singulares para no perderse en el mar de las grandes ideas: date un mimo a la piel, antes de llevar tu atención a la pantalla, somos materia orgánica antes que digital. “Yo” no soy quien puede dar con la palabra original para tratar de salvar a la especie humana, soy quien sabe de la trascendencia de las prácticas artísticas en clave alexandrina a favor del cuidado de la energía vital. La vida es creadora, la vida es la obra, desborda las aulas, las imágenes, los símbolos, el dispositivo escénico, las pantallas.
¡Siempre gracias Revista Mariné por ayudar a cuidar la energía de los días!

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