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HUS: arquitectura de lo inestable en escena

Por Martina Amadeo Paz

HUS, una obra sueca de Virginia Mihura y Claudio Mattos Actúan: Silvina Ganger, Vanina Montes, Claudio Mattos y Virginia Mihura Diseño sonoro y musical: Juan Zuberman Coach corporal: Marcela Botti Espacio escénico y vestuario: Mariu Fermani Texto: Claudio Mattos-Virginia Mihura

Dirección: Virginia Mihura-Claudio Mattos Producción: Compañía Un Ensayo Duración: 60 minutos

Agradecimientos: Laura Gamberg, Santiago Ortí y Casa de las Artes

Función: 4/04, Fundación Cazadores

Tres pelucas platinadas y un perchero monocromático. Es lo primero que veo antes de cualquier palabra. Los actores ya están en escena, lucen esas cabelleras artificiales un poco ochentosas, que me traen reminiscencias vagas del estilo de ABBA —tal vez por sus orígenes en común— o de cualquier banda que haya construido su identidad sobre el disfraz. Ese gesto inicial, el disfraz y lo artificial, organiza el programa de HUS, una obra sueca: sin disimular, descubrir el artificio (y usarlo).

Un grupo de actores ensaya, en la sala_lado b de Fundación Cazadores, una obra basada en una novela de la escritora sueca Astrid Karlsson. En esa novela, una pareja insiste en habitar su propia casa a pesar de la fragilidad de su estructura. HUS trabaja esa premisa en escena y, sobre todo, se instala en ese lugar: un intento. Un ensayo tan incierto como incómodo, según sus propios creadores, y un intento tenaz por sostener aquello que tiende a derrumbarse.


Personas rubias con abrigos claros trepan por una ventana en una pared de ladrillo blanco. El ambiente parece dinámico y enérgico. HUS.

La pregunta que organiza la obra —y nunca responde del todo— es cómo construir algo, una obra, una casa —una casa como una obra o una obra como una casa—, sobre la inestabilidad. ¿Cómo crear sobre un terreno vacilante, incierto, movedizo? ¿Cómo habitar un espacio inestable?

Persona de pie con peluca rubia y ropa clara sosteniendo un abrigo, en un pasillo oscuro. Ambiente de misterio y contraste de colores. HUS.

El ensayo como forma

El ensayo es el dispositivo y la forma que toma HUS. Es una decisión dramatúrgica presentarse como ensayo, no como obra ni como espectáculo. En general, el ensayo es lo que antecede, el proceso de construcción, lo que puede fallar, lo que todavía no está listo. Estrenarlo y presentarlo como producto terminado es poner el artificio a la vista. Lo incompleto es la forma final. ¿Cómo se construye una obra?, ¿qué la sostiene?

Gaston Bachelard escribió que la casa es nuestro primer universo, nuestro rincón del mundo. Un cuerpo de imágenes que dan al ser humano razones —o ilusiones— de estabilidad. La casa, en esa lectura, es lo más sólido que existe porque organiza la experiencia primera, desde adentro. HUS (“casa”, en sueco) toma ese imaginario y lo expone en peligro de derrumbe, se construye sobre el dispositivo más frágil que existe: una sala prestada, un texto en proceso, actores que son también directores y también personajes. La casa de Bachelard —símbolo de lo permanente, de lo propio— se intenta levantar sobre el material más voluble: un ensayo teatral.

Zygmunt Bauman llamó modernidad líquida a la condición de un mundo donde nada dura, donde todo se desvanece a la velocidad de las corrientes y los proyectos, por supuesto, son provisorios. En ese marco, insistir en crear algo —una obra, una casa, una compañía que se llama “Un Ensayo”— es proponer una forma de habitar la inestabilidad. Como la pareja de la novela, resiste; se afirma en la vacilación y usa las fisuras para crear algo nuevo. Las grietas están expuestas y son condición necesaria.

La representación sobre la representación

Cada actor ensaya un monólogo que no se resuelve y termina en un gesto que se repite hasta atomizarse. La opacidad es parte del procedimiento. La obra no oculta su propio proceso de construcción; lo exhibe. Muestra los andamios. Se ven los actores siendo actores, siendo personajes, siendo directores de sí mismos. La novela se convierte en ensayo, el ensayo en obra, la obra en pregunta.

¿Qué es una casa? ¿Qué hace que el espacio sea habitable? ¿Cómo se produce el sentido de lugar? HUS lleva esas preguntas a un nivel meta: ¿Cómo se hace una obra? ¿Qué gestos la sostienen y cuáles la amenazan? ¿Cómo se produce el sentido en la representación? Es una estructura que se pliega sobre sí misma: una caja dentro de otra caja.

Los cuerpos de los actores son parte de esa estructura que insiste en no caer (la coach corporal no es un dato menor). También ensayan, también tantean, también cargan con algo que se puede derrumbar en cualquier momento. Entonces, los momentos de humor vuelven flexible el esqueleto. La risa hace visible lo fallido y, al mismo tiempo, genera la elasticidad que evita las fracturas y une las partes.

Personas rubias en abrigos claros miran un lavabo en un baño con azulejos grises, iluminadas por luz cálida de ventana detrás. HUS

¿Cierre?

En el final, uno de los personajes dice algo así como: “yo no sé cómo terminar, me cuestan los finales, hacelo vos”. ¿Es improvisación?, ¿confesión?, ¿chiste? Probablemente, sea las tres cosas a la vez. La frase condensa el espíritu de toda la obra: la honestidad sobre los propios límites, la insistencia en la creación y el final como problema que no tiene una solución única, sino varias posibles.

HUS no sabe cómo terminar porque lo que propone no tiene cierre ni clausura. La casa de la novela sueca sigue en pie, precariamente. El ensayo sigue siendo ensayo. El blackout que finalmente llega no resuelve nada: más bien, suspende. Y las preguntas flotan en el aire, como todo lo demás en esta obra.

Créditos de las fotos: Ana Rodríguez Baños / Fundación Cazadores
Créditos de las fotos: Ana Rodríguez Baños / Fundación Cazadores
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