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Agosto 2026 en Revista Mariné

Por Jezabel Amin

Escribo (el acto concreto en mi computadora). Hay otras dimensiones de la escritura que no vuelco a estas hojas.


Reviso el link de la página de miembros, veo mis notas publicadas desde la primera edición de la revista en el 2024. Pispeo las distintas ediciones, entro por acá y allá. ¡Mariné creció un montón! Celebrar su crecimiento, es celebrar el mío también.


La constancia, la regularidad, me permitió delinear una forma de nombrarme: soy un cuerpo que escribe. Insistir en hacer un collage de observaciones entre espacios de entrenamiento escénico, obras, curiosidades ancestrales, milongas, cuestiones sociopolíticas, me permitió transformaciones significativas. Mi tejido textual es artesanal, pertenezco al mundo del papel, estoy en peligro de extinción. Aprendí cosas de mi torpeza, de los fracasos, de las desilusiones. Con los errores sigo trabajando.


Gracias a las publicaciones mensuales (a veces una, a veces dos por mes), pasaron cosas singulares en mis días. Y más allá del goce por narrar desventuras, insistiendo en que se aprecie la realidad obvia de ser una “unidad psicofísica”, comparto y milito la importancia de la escucha del cuerpo, el cuidado de lo humano, de lo vincular. Eso es Revista Mariné.


En mis notas, repetí frases como “pensando desde los intersticios”, filtrando información cruzada escribí, escribí, escribí. Martirizándome a veces, elevándome, hundiéndome, enamorándome de mis ficciones, desfigurándolas también. Aún sin ganar dinero. ¿Por qué? Para seguir profundizando en mi curiosidad. Se activa un mecanismo nutritivo en la dirección de mi atención al creer que estas hojas significan algo para alguien más que “yo”. Al creer que puedo pensar más allá de las pantallas. Levantar la bandera del cuerpo en esta era, es ayudar a cuidar la consciencia de la fuerza vital.




Primer año de Mariné. Julio de 2023, Galería Palermo H


Reviso en mi memoria algunas de las obras que visité sabiendo que acopiaba fotos mentales, obras de las cuales escribí después (Ruedos, Fritz Agonista, El Paria, Nada es Gratis, Entre Paréntesis, Dos cuerpos en desborde, Nekro Romántica, …). Pienso en los espacios de entrenamiento de los cuales me enamoré. Pienso en mi querido Galpón F.A.C.E. (cerró este 2026), en Espacio E.K., en el Estudio Teatro “El Cuervo”, en las calles, en las salas, en las amistades, en mi novio Artaud.


Es más importante todo lo que queda afuera de estas hojas, hoy lo sé. Y sinceramente no creo que nada de lo discursivo en nombre de alzar la bandera del encuentro y lo vincular me salve de la hostilidad del mundo. Este, “el único que tenemos”, como bien me recordó Marina Giancaspro, mi referente máxima de Técnica Alexander.


Porque me interesa la apropiación íntima del conocimiento, juego con hilos de texto que otrxs van a acariciar. Y todavía creo en los hechos.


Dos años de la primera edición de la Revista Mariné de la cual fui y siempre seré parte, como colaboradora fundacional. Dos años de mi vida en relación al privilegio, responsabilidad, bendición, castigo de saberme leída.


Todas mis notas antes de entregar a la Revista, fueron corregidas por Mer Sevares (Lic. y prof. en Letras), quien además me ayudó a compilar los cientos de microrrelatos escritos entre el 2009 y el 2021 con la guía de Luis Gruss. Mi trabajo no es del todo solitario. Creo que fue en 2006 que tomé el primer Taller de Crónica Periodística con el fallecido ensayista argentino. 20 años de escritura persistente en un cuerpo de cuarenta, escribir es mi forma de vivir. “Siempre los años”, dijo Diego R. Álvarez. Amigo, artista visual, colaborador de mi proyecto artístico Ana es ella. Un sueño que estoy a punto de dejar morir porque económicamente es inviable. Y lo dejo morir inaugurando un ciclo, editando un libro, impulsando una obra escénica. Respiro mis contradicciones desde el pubis hasta la nariz.


Valorar la vida, es tener conciencia de muerte. Hay límites.


A Mer casi siempre le pagué sus horas de trabajo (tengo deudas que atender).  Pagué las conversaciones que mantuve por años con Silvio Lang, pago también las conversaciones con Natalia P., así como también la consultoría que tuve con Catalina Lescano, con otros gestores también. Ninguna de las hojas que escribí hasta ahora fueron monetizadas, pero me gusta creer que tienen un valor. Si me olvido, Marina A. me lo recuerda. Pago el acompañamiento de Florencia Martínez y todas las clases que tomo. Alimento mi punto de vista con otras voces, otras lecturas, con obras escénicas también. Ellas me cambian el pensamiento. No separo el pensamiento de la vida. Parafraseo una frase de Artaud. “Yo”, la que escribe, que no quiere ser mujer paráfrasis. Uso estas hojas para pensar y quiero que sean a favor de vivir mejor los días. Me propongo que la brecha entre las ideas y las acciones se achique cada vez más. Tal vez algo de lo mío, te sirva a vos también.


Pero tengo cuentas que pagar. Todavía no pude pagar las luces que va operar Lautaro Allegretta, no pagué la asistencia de Lucía B. el año pasado, más allá de los acuerdos, tal vez fue por eso su desencanto. Para hacer de las prácticas artísticas algo más que una manera de procesar la experiencia del mundo, hay toda una red de intercambios, de contactos, de favores, de lealtades y traiciones, de afectos. Pero hay que pagar, pagar, pagar. Pero a mí nadie me paga y ya no puedo más.


Gestar, sostener, armar red, crear un grupo, producir no es fácil, pero voy aprendiendo a vuelo de cóndor.


Alejandra Pizarnik se preguntaba quién había sido el idiota que dijo esa frase de “ganarse la vida”. Pero es así, amada mía, si no hago un puente con esa zona de la realidad, voy a desaparecer.


Antes, quiero agradecer a Marina Amestoy. Un cuerpo que escribe no se explica sin su revista. Y si nadie se acuerda de las notas, o dejan de existir en el magma de las publicaciones, “yo” me voy a acordar de las experiencias que pude vivir por saber que alguien más esperaba mis palabras.


La lista de personas a quienes agradezco hoy es muy extensa. Mer, Natalia, Marina G., Victoria M., Diego A., Hernán R., Betiana C….


Pero también estoy enojada. La mugre debajo de la alfombra del silencio es demasiada. En este tiempo de transición, donde caen las utopías y los referentes, pienso en la imagen de Marina Amestoy para nutrir mi esperanza en la continuidad. En ella moviendo sus brazos de arriba hacia abajo con entusiasmo, alentando a las bailarinas y dejo la queja contra el mundo. Ella sentada al borde en Dos Cuerpos en desborde, en la última función que vi el 11 de julio en Haiku. Su pasión como directora de las intérpretes, ellas haciendo parir nuevos gestos en la pista, lo estallado, lo pequeño, el corte, lo ligado, lo desarticulado, la armonía, la disonancia, la velocidad, la quietud. Ver gestos no cotidianos me recuerda que podría habitarlo de otras maneras, hay múltiples realidades, hay múltiples dimensiones. La entrega al trabajo de todo el equipo, las risas compartidas, los abrazos, las lágrimas. Marina agradeciendo, militando la danza, revalorizando lo humano.


Recuerdo también algunas imágenes proyectadas en la pantalla la durante la función en Haiku, recuerdo no haber visto todo por un comentario que hizo Marina hablando de los huesos en relación a las imágenes proyectadas. La totalidad de la existencia es demasiado extensa para poder ser capturada en palabras (o en números). Sin embargo, vida, qué bello es contemplarte.


Agosto, Revista Marine 2026
La importancia de alimentar los ojos con gestos no cotidianos. Ver, sentir, vivir ¡DANZA! ¡Gracias por tu obra Marina Amestoy!, PH: Mora Kucan

Lo víncular no me salva, el teatro, la danza, ni siquiera la escritura, tampoco la Revista Mariné. Pero sigo eligiendo el optimismo en la acción y el “no todo”. Porque mientras sufro algunas embestidas de la naturaleza urbana, me refugio en obras escénicas, en abrazos de amigos, en la milonga, en conversaciones y en recuerdos. Mientras extraño a los pájaros de la isla, a mi río amante, a nadar desnuda por las noches sintiéndome la maga de Cortázar; mientras pienso en mi amor por la sabiduría de Pompeyo Audivert, por el tango y el teatro, me preocupa mi situación económica. Mientras me visto y desvisto, escribo: cada vez que venga la corriente de queja, retomo a mi madre diciendo: “nada es fácil” para que se me pase el berrinche adolescente y la “arrogancia de la ingenuidad”, como dijo Florencia Martínez alguna vez. Todas mis variables son mejores que las de los gazatíes. Mi bisabuela Inés tuvo a mi abuela a sus trece años, la conciencia de la dureza de la vida en el campo de San Juan sigue en mis células. La vida no es sólo paraíso ni agradecimiento, no nos engañemos. No dejes que te engañen. Siendo consciente de la muerte, escribo que no quiero vivir en modo lucha. Tampoco en la ficción del agradecimiento sin fin (aunque en el fondo eso es lo único que me sostiene). Aprender a amar, a cuidar, a respetar. Aprender a aprender a través de ella es un trabajo no pago y es el más importante. La ternura de Mer me enseñó mucho de mí misma, de lo que quiero, de lo que no quiero de mí. La perseverancia de Marina A. también, el sentirme leída, escuchada es importante pero no esencial. El acto de escribir, de leer, de actuar, de leer, de cantar, sí. Y si no hay un otrx siendo testigo, podes imaginarlo.


En agosto además de celebrar a la Madre Tierra, celebro a Revista Mariné, a Marina Amestoy. Sin ella, no hay un “yo”. Sin Mer, sin Natalia, sin Florencia, sin Victoria, sin Marina G. En el mundo de los hombres, qué importantes son las mujeres en mi vida.


Dejo el rincón de la mujer abandonada, abusada, sometida, víctima, contengo mi ira y la sed de venganza y salgo a caminar con mi vestido hecho de hojas. Pero no soy una niña. Debo atender a las obras en las que soy actriz, asistente, directora y a mis cientos de textos. Tal vez esa creencia de que las cosas sentidas, verdaderas no se monetizan es lo que me mantiene enjaulada, pero voy a liberarme. Y no me olvido: la vida es la obra. Y necesito llevar mi cuerpo a la edición del libro “Los 1001 microrrelatos de Jezabel Amin, noches de una tanguera”, ¿será ese el nombre o “Ana es ella” o “Los ojos de Ana”? No lo sé aún, pero si expreso mi deseo de que los primeros 201 microrrelatos editados por Luis Gruss en el pasado, sean publicados este 2026.


Deséame suerte.



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