Carta abierta a la Glorieta de Barrancas de Belgrano.
- Jezabel Amin

- hace 4 días
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Bajo Belgrano, ¿un tiempo que se fue?
Por Jezabel Amin
Para quienes aún no pertenecen al universo del Tango, sepan que en la Glorieta de Barrancas de Belgrano (C.A.B.A.), hace 30 años todos los fines de semana funcionaba una milonga organizada por Marcelo Salas. Un lugar de encuentro bajo su cuidado que permitía renovar la energía de los corazones. Desde junio, él ya no está a cargo del espacio los días domingos (sí los sábados y algunos viernes). ¿Por qué? ¿Quiénes en vez de homenajear tantos años de trabajo lo desplazaron?
Son miles las personas que resignificaron sus vidas en la milonga organizada por Marcelo. Surgieron amistades, amores, amoríos, se renovaron esperanzas en la continuidad de la vida gracias al impulso de su fundador.
A vos glorieta. Mi refugio, mi trinchera, a vos como hogar, te regalo la siguiente carta.

Querida Glorieta:
te escribí durante muchos años y no me canso de esperar tu respuesta. Estoy segura de que en estos días querés decirme algo, siento tu angustia en mi esternón. Sé que estás preocupada porque los pájaros no dejan de pelearse (y ni siquiera hay migajas). Mientras se venden las aguas, las tierras, se amplía la desigualdad social, se empobrece la consciencia de la vida más allá de la imagen. Mientras cada vez más gente se atrinchera puertas-pantallas adentro, vos estás ahí. Lista para recibirnos bajo tu techo. El encuentro de los cuerpos que nos recuerda la alegría de vivir y nos ayuda a estar menos deprimidos, ¡bailar! ¡Abrazarnos! Sos casa para cientos de huérfanos corazones.
¿Sos consciente de tu importancia?
Hace 30 años, Marcelo Salas, todos los sábados y domingos, se presentaba para preparar la música y dar la bienvenida a lxs bailarines.
El domingo 07 de junio del 2026, no llegó Marcelo, seguro lo notaste y habrás sufrido su ausencia tanto como yo. Funcionarios de la Comuna XIII decidieron (¿tienen facultades para hacerlo?) que ya no tiene que ser él quien cuide de tu lugar los domingos. En vez de reconocer sus años de trabajo, fue desplazado a los viernes y sábados y vos puesta bajo las manos de un personaje por lo menos cuestionable. El ritual de los domingos ya es otra cosa. Pero “Que le importa al mundo” ...
El sistema político económico imperante corroe los lazos de solidaridad social. Si tenés la suerte de tener trabajo y te queda poco tiempo para descansar, para cultivar otras facetas de la experiencia humana que no sean estar al servicio del dinero, la milonga puede ser un refugio para vos. Es importante encontrarnos, el trabajo de Marcelo durante todos estos años cambió la vida de miles de milongueros y milongueras. Tango al aire libre. Lo mejor de los mundos.
Algunos pájaros todavía dicen “el espacio es nuestro” y creen que pueden pensarse por fuera de la figura de un organizador, organizadora. Tal vez no saben que, sin ese rol, no hay milonga. Sin milongueros, milongueras tampoco. Reconocer que nos necesitamos, los unos a los otros, es básico. Las unas a las otras, mucho más. Y la granja está alborotada, aparecen los picoteos, que si las tandas son buenas o no, que si los bailarines son cerrados, que si los machirulos, que las histéricas, que la falsedad, que la agresión, que el sentido de la pista, que las patadas, que el chusmerío. Y así, la práctica repetida del encuentro abrazado, que acontece bajo tu techo, se deforma. Y de lo bueno, bello, verdadero, pasamos a lo malo, feo, falso. Sin pausa, ni prisa. Apagón y nuevo escenario. ¿O será que no todo fue brillo celestial? ¿Que la monstruosidad siempre está sigilosamente presente y preferiste ignorarla?
Aunque escribo sobre la importancia de cuidar lo vincular, no soy una fanática que repite un discurso sesgado sobre lo colectivo, confío en unas pocas personas. Una parte de mi es escéptica y desconfiada. Para quienes tienden a describir lo colectivo como el paraíso, confieso que cada vez conozco más el infierno. Los abusos, las complicidades, los favoritismos, las competencias, los descuidos, las manipulaciones, las mentiras. Sin embargo, sigo eligiendo asomar mi pico y pluma. En mi pozo oscuro y sin fondo, el “yo” no encuentra final y tengo en claro que no es sólo nombrando las atrocidades del afuera que trabajo mi mundo interno. Esta dialéctica entre el afuera y el adentro, ese espacio no definido, me interesa. Pienso desde los intersticios y aunque me desilusione y me duela el desencuentro entre deseo y realidad, salgo a las calles, a las obras, a las milongas. A conocer a bailar con otrxs. Así no me olvido que ese dolor que creí tan único y desde el cual compuse tanta identidad, no es sólo mío. Casi todxs estamos un poco rotos. ¡Bailemos!
“Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir”.
Hoy pienso en lo que te está pasando a vos, querida glorieta: de repente, deciden sobre tu suelo sin consultarte. Pienso también en las mujeres víctimas y/o oprimidas. Pienso en la injusticia visible.
¿Fuiste violentada? ¿Abusada? No estás sola, yo también. Y sí, soy una mujer que sabe lo que es que la embistan salvajemente y pensar “este es mi lugar, la mujer está hecha para ser sometida”. Y estoy cansada de la tendencia masculina de justificar conductas maliciosas diciendo “pero si las mujeres también”. Revisen su manera de hacer conducta, muchachos. ¿Con quién se van a solidarizar esta vez? Una vez de vez en cuando al menos, no nos señalen a nosotras como responsables de las desgracias. Nosotras estamos muy acostumbradas a revisarnos, a sentirnos culpables, avergonzadas, responsables por casi todo alrededor. “Yo” fui educada sin que me digan que ser golpeada está mal. Escuchar la milonga “Amablemente” no vino con la palabra feminicidio en el bolsillo. Estuve más cerca de un “pensá qué hiciste para merecerlo”, que de otra cosa. Sigo escuchando frases como “hacen cosas para que las maten y después se quejan”. Fui educada bajo un discurso de control monástico sobre la propia sexualidad que me jugó en contra. No haber reconocido mi deseo como parte de la trama del cuidado y despliegue de mi cuerpo, fue un error. Muchas cosas tengo que revisar para escribir otra historia. Una historia que abrace a mis ancestras, agradezca, pero también me permita seguir hacia adelante pensando que voy a encontrar la forma de querer y ser querida sin que se active la guerra entre los sexos.
¿Qué tiene que ver todo esto con vos?, querida Glorieta. Es que hay algo de este desorden en expansión que nos está llevando puestas y a los varones también. Este sistema voraz no considera la memoria histórica, ni el valor del trabajo de tantos años de Marcelo Salas. Entre tantas injusticias, un aparente conflicto entre organizadores de milongas pasa desapercibido y es cierto: hay cosas mucho más graves sucediendo. Y digo aparente porque no es una disputa entre ellos lo que está sobre la mesa. Es algo más grave. Es una complicidad política que te pone a vos bajo la responsabilidad de una persona de conducta peligrosa.
A vos, querida Glorieta, que me regalaste el placer de bailar rendida en brazos extraños, te regalo mi amor y es para siempre. Y si puede jugar a perderme, es porque sabía que había ojos que cuidaban el lugar y me hicieron sentir segura. Lo mejor de mi vida, bailado bajo tu amparo. Hasta mayo del 2026, Marcelo Salas era el responsable de preparar el escenario, todos los fines de semana. En junio sólo estará los viernes y sábados. A él le agradezco profundamente el trabajo sostenido durante tanto tiempo y es quien merece reconocimiento por parte del Gobierno Porteño también. Sin embargo, sucede lo contrario. Alguien acá está decidiendo no considerar la historia, como si tantos años de presencia de Marcelo Salas, se pudieran olvidar.
Me pregunto ¿por qué las asociaciones de milongas no están diciendo nada sobre la situación en La Milonga Abierta de Barrancas de Belgrano? ¿Será que la gente sólo quiere bailar y bailar? ¿Y no importa más nada? Y que reine la indiferencia, el miedo, el mejor “no te metás”.
Mis palabras son sólo una invitación a reconsiderar el mundo cotidiano y no puedo hacerlo sola. ¿En qué lugares estás bien? ¿Cómo es poder estar en paz con otros? ¿La pista milonguera es territorio de encuentro o de guerra sublimada?
Hoy te escribo triste, Glorieta. Ya no por mis amores fallidos, ya no por la muerte de mi inocencia. Lamento que no pudimos organizarnos para cuidarte mejor.
Recibí muchos comentarios que no buscaban nada más que armar murallas, otros sentidos y de apoyo. Pero ni siquiera logramos conversar en grupo, ¿por qué? Asumo que algo de todo esto tiene que ver con los oscuros poderes del mundo. Porque quienes mezclan guerras con negocios inmobiliarios, nos quieren deprimidos, evadidos, alienados, jamás unidos, siempre vencidos. Bailar es algo que alimenta las ganas de vivir, que nos reúne, nos hace más humanos. Cuidemos lo que nos cuida
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“Esta noche beberemos porque ya no volveremos a vernos más” ... hasta que no regrese Marcelo a dar sentido a tu suelo, yo los domingos, no vuelvo. Bajo Belgrano, ¿un tiempo que se fue? Espero que no. Ojalá que la “comunidad” tanguera, se solidarice con quien, durante 30 años, hizo posible que la vida sea más bella y sentida. Que se rechace al que toma la modalidad de ser “el patotero” para regir sobre un territorio público. Ojalá vuelvan a tratarte bien y a mí también.
El tango me permitió extender mi red de vida, por favor no me digas que ese mundo es falso, que tiene que desaparecer. La historia de la milonga sostenida por Marcelo Salas durante tanto tiempo será contada por múltiples puntos de vista y marca un antes y un después en la Historia del Tango en la Ciudad de Buenos Aires. Un cuerpo que escribe sólo quiere decir que lamenta las injusticias y que desea que sea más fácil poder coexistir en paz. Ya me han llegado testimonios por malos tratos en manos del nuevo organizador de los domingos, ojalá no se tenga que llegar a una noticia más trágica aún para que se tomen acciones a favor de tu bienestar, querida Glorieta. ¡Ojalá volvamos a bailarnos! Siempre tuya, siempre gracias.
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