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Experiencia en Estudio Teatro "El Cuervo"

Por Jezabel Amin

Desde el año pasado, 2025, comencé a tomar clases regulares con Pompeyo Audivert en el Estudio Teatro “El Cuervo”. Una experiencia que cambió mi vida para siempre. Estas frases ampulosas, que suelen estar presentes en mis escritos, no son sólo palabras. O sí. Lo que quiero decir es que mi relación con ellas es visceral, soy un cuerpo que escribe. Juego desde un “yo” observaciones que tienen que ver con curiosidades históricas, con el contexto sociopolítico, con obras escénicas, espacios de entrenamiento artístico, pensando desde los intersticios el sexo, el tango, las práticas artísticas, la vida, la muerte. 


Con publicaciones regulares desde el 2020 (primero en “cuadernosdedanza.com.ar”, después en Revista Mariné), suelo traer asuntos de otros tiempos, de otras lecturas, de mi intimidad, de mi escritura sostenida bajo la severa mirada de Luis Gruss durante más de 15 años. Mi maestro de escritura en sus apuntes señaló, “si podés saber algo de un lector, es de vos mismo”, también dijo “no escribas jamás pensando en ser publicada” . No quiero morir atrapada en las hojas, converso también con otras voces. Pienso en la diferencia entre unas palabras que sólo leo “yo” y otras que son visitadas por ojos extraños. Confieso que no llegué a tener el privilegio de entrevistar a Pompeyo todavía, me encantaría hacerlo. Se filtra ese deseo en mis dedos y me detengo. 


Pero al menos algunas personas del Teatro Estudio El Cuervo, van a leerme. El juego de las proyecciones se libera a otros puntos de vista  y una imagen de mi “yo” que no es mi “yo” andará “haciendo de las suyas”. Esta subjetividad heredada me importa cada vez menos. No creo que sea relevante componer una identidad pública pensando en la definición que puedan hacer ojos ajenos de algo tan efímero como un “yo”. Por el juego del pensar y su navegación, doy la vida. Por el juego, sí. Por una imagen falsa del “yo”, nada. Vivir. Esa palabra que sólo quiero escribir en caliente y es lo que alimento cada vez que estoy en El Cuervo. No siendo “yo”, dejando ser a otra, al “bicho”. 


Me pregunto si alguien que no tomó nunca una clase con Pompeyo Audivert, puede leer esto y captar algo que le interese o simplemente descarta la continuidad en la lectura. No me dejes sola, seguí adelante. Tal vez pueda contagiarte mi entusiasmo por vivir lo que puede transformarse un cuerpo si se permite la experiencia dentro de la “máquina teatral”. 


Placa blanca con el texto EL CUERVO sobre madera oscura envejecida, en una escena sobria y tenue.
PH Diego Cone Hass, colega de la Ciudad de Córdoba. ¡Gracias por la foto!

No tengas miedo a mover las categorías conservadoras del orden mental con las que te pensás como individuo. Probá escuchar otras maneras de leer lo real que no sean las del sistema conservador socioeconómico. ¿Te puede cambiar la piel una clase de teatro? ¿Es la energía que se juega en las palabras de una voz? ¿Sobre qué escribe esta mujer? ¿Y la plata? ¿Cómo hacemos con la plata? ¿La realidad no es tan clara y definida como los poderes podridos del mundo nos quieren hacer creer? 


Antes de que mi cuerpo llegue a la calle Santiago del Estero, llega mi imaginación. Fui a ver “Habitación Macbeth”, un ex (al cual quiero olvidar para siempre) me recomendó su trabajo. Tengo mucha admiración por la sabiduría de Pompeyo Audivert, quien habla de algo que está más allá del discurso. No voy a usar estas páginas para profundizar sobre su técnica ni desnudarme en halagos. Traigo ecos del impacto de su lengua en el devenir de mis pensamientos y acciones, quiero escribir algo que anime a otrxs a sumergirse en la experiencia de la “máquina teatral”. 


Escena teatral: varios actores rodean a una mujer tumbada en una cama, en un interior oscuro y dramático. El cuervo
El compañero Brian Berengard me facilita unas hermosas fotos para embellecer estas hojas. Sus ojos captando un instante de trabajo poético. ¡Gracias por la contribución!

Escribo con ganas de saber cómo otrxs procesan la información transmitida por Pompeyo. Él cambió mi sombra, ¿qué les pasa a los demás? Abro mis hojas antes de ser publicada para poder escuchar otros puntos de vista. Otro compañero, Fernando Ochoa, me hace llegar algunas reflexiones. Suma preguntas como: “¿Qué hay que dejar de lado para poder ver, vernos ante la realidad? Y, ¿cuál es la realidad? ¿Cuáles?”. Pienso la práctica también conversando entre los practicantes, ¿un intento de traducción de una gran voz? Estas líneas no pretenden traducir una experiencia, escribo para entender. La escritura es más clara pero más pobre que la vida (tomo de Kafka). 


¿Cuáles son los aportes de El Cuervo en la vida de los actores y actrices que circulan por el estudio? En mi carne, un antes y un después. Aunque todavía no logre la pericia de hacer una “detención” del movimiento y que un “trazo” surja después del “descalce”, no siempre logro que la “rienda tensional” tenga el tono necesario para componer una presencia escénica destacada, sigo estudiando para eso. Noto que en muchas ocasiones, la pulsión dramática de mi expresividad gana y mi “yo” actriz se queda tonta, perdida en el cuento pobre de la vida, desorientada en el pasillo habitado por el ruido y la furia. ¡Ay! ¡Mi piel de texto! Es que no me creo todavía eso de que no importan las palabras, lo confieso. Como escritora sé que decir puta no es lo mismo que prostituta. Claro, como actriz puedo variar la afectación detrás de esa palabra, decirla con lujuria, con angustia, con miedo, con enojo. Llegar a dominar la variación de estados es un elixir. Lo hago en velocidad, no en cámara lenta. Cámara lenta, ¿qué es esto? ¿Qué regalo trae la lentitud en este desquiciado mundo? 


Para quienes casi todo lo que digo es chino, los invito a que se detengan y lleven atención a la respiración. Lo que llamé, “pausa respirada” en otras notas publicadas, creo que Pompeyo suele nombrar como “respiración consciente”. Observar. Observar. Observar. ¿A dónde vas con tu atención cuando observás tu propio cuerpo? ¿Podés percibir el ritmo de tu respiración sin interferir? ¿Estás lleno de ideas sobre lo que es un ser en este mundo? Una “detención”, una “discontinuidad” para dirigir una renovación del “campo atencional”. Si vas hacia adentro en tu paisaje interno (no vale perder la noción del entorno, del “cuadro”), podrás reconocer que es mucho más profundo, hondo, interesante, variable, libre, musical que la violencia aplastante de la ciudades occidentales y orientales (cuando digo ciudad, puedo decir campo). Ruralizar el discurso urbano y viceversa, trae consecuencias interesantes en las reflexiones. Toda esa maquinaria perversa que trabaja generando territorio sin sentido, que roba de los cuerpos singulares su energía vital para convertirnos en esclavos del dinero, en ciertas “cuevas”, se detiene. Bajo buenas condiciones, podemos volver a encontrarnos con la expansión del potencial humano. En El Cuervo, actores y actrices trabajan para adueñarse del tiempo espacio, “expían” energías, reconocen el poder del trabajo desde la forma. La forma arrastra al contenido. Esa otredad en mí que se manifiesta en escena (“el bicho”), a mí me llena de preguntas, “¿quién actúa?” ¿Acaso es mi identidad enriquecida por el empobrecimiento del “yo”? ¿Es el “ello”? No es identidad la palabra.


Aprovecho también para criticar abiertamente a mi “yo” actriz. Fui criada por mujeres antiguas. La afinación perpetua y exigente es parte de mi manera, aunque a veces me ablando, una parte de mi es ruda. También sé que aprendo y enseño mejor cuando reina el “control consciente y constructivo” (concepto clave de la técnica Alexander). Confieso que todavía no llego a dominar la composición física, a diseñarla en todos los momentos, no siempre logro que mi cuerpo se manifieste en toda su potencia. No siempre alcanzo a fundar un “trazo” desde un otro lugar. Se me repite el mismo lugar bastardo de siempre y el “frente histórico” me domina. Todavía no alcanzo mi mejor versión, pero es lo que deseo y trabajo para eso. 


Estoy duelando un lenguaje en este momento, duelando un mundo. Confieso con vergüenza: viví lo mejor de mi vida en ese lugar, pero he sentido la misma ilusión en otros. Esta vez quiero realidad. Me quiero quedar y para siempre. Quiero una casa donde poder celebrar la misteriosa existencia. Sentirme pertenecer a El Cuervo, me llena de felicidad, también de terror. Porque acá afuera, en el mundo cotidiano. ¿Cómo hago con la vida? Ella no es un problema que hay que resolver, pero a veces me siento morir en ella. A veces la siento tan opaca en relación con lo que acontece dentro de la “máquina teatral” guiada por Pompeyo. ¿Cómo seguir? La técnica afortunadamente trasciende a la persona y a mis problemas personales. Ella seguirá viviendo más allá del maestro. La vida no muere, estoy a sus órdenes.


Pompeyo, además de renovar mi manera de concebir la composición física, me permitió conocer  a Olga Orozco. Renové mis fuentes y la curva de mis letras. La poesía en acción puesta al servicio en sus clases. Teatro en este mundo como refugio, como casa, como trinchera. Arte para recomponer el espacio y los tendones. Para disfrutar de tener consciencia del volúmen de los cuerpos, propios y ajenos, para sentirme menos sola y resucitar todas las veces que sea necesario. Teatro para tomar decisiones que alimentan la fuerza vital. Teatro para inhibir la tentación de generar efectos para agradar al espectador, lector. Retomo a Luis Gruss “si de algún lector podés saber algo, es de vos mismo”. 


El Cuervo, es una manera de vivir. Me permite renovar la imaginería sociopolítica en el planeta de los muertos y no soy la única que lo vive así. No es mi única cueva subversiva, pero es la fundamental. Las milongas, las obras escénicas, otros lugares de encuentro también operan como dispositivos de transformación en mi experiencia humana. Estas resistencias culturales ¿son suficientes? No sé pero brindo mis hogueras al “ritual metafísico” de Pompeyo Audivert. Soy leal a lo invisible. Es lo que más se ve.


Dos hombres en una escena oscura; uno sostiene una bandera argentina pintada mientras el otro se inclina sobre un marco. El cuervo
PH Brian Berengard captando un momento alquímico del trabajo en El Cuervo. En estos días de mayo, “resucita” la idea de la Patria, ¿cómo la vivís vos? ¿En qué espacios te encontrás con otros cuerpos? ¿Un café, una plaza, un teatro, una milonga? Las prácticas artísticas como manera de cuidar lo vincular. 

27.05.2025. Primera aproximación a escribir en relación a mi apasionada experiencia en El Cuervo. Se sumarán otras palabras, que no pretenden desnudar verdades. Son una mera traducción de mis aventuras de pájaro negro. 



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