Un país contado en fragmentos: Sobre "Una vez argentina" y Andrés Neuman en una memoria colectiva
- Santiago Oliva

- hace 7 días
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Por Santiago Oliva
Antes de ser ciudadanos, somos descendientes. Habitamos relatos que ocurrieron antes de nuestra propia memoria: historias transmitidas en sobremesas, en cartas preservadas o en voces que el tiempo vuelve cada vez más imprecisas. Preguntar por ese pasado no implica solo reconstruir una genealogía familiar, sino también asomarse a los climas históricos que moldearon la vida de quienes nos precedieron.
¿Qué sucede, entonces, cuando esas memorias dispersas encuentran una forma narrativa capaz de reunirlas? En Una vez argentina, Andrés Neuman asume esa tarea con una ambición singular: reconstruir la historia de su linaje mientras deja entrever, en ese recorrido íntimo, las marcas de una nación atravesada por migraciones, violencias políticas y reinvenciones constantes. Lo que el autor compone no es solo una biografía familiar, sino también el modo en que un país puede narrarse a través de sus descendencias. Todo comienza con una carta de su abuela materna, quien relata cómo conoció a sus bisabuelas. Ese gesto aparentemente menor reorganiza las prioridades del escritor y lo impulsa hacia una investigación que pronto se vuelve travesía. A medida que avanza, Neuman no solo descubre episodios desconocidos de su pasado cercano, sino que también interroga su propio presente y la forma en que la memoria continúa actuando sobre la identidad.
Uno de los rasgos más notables del libro reside en su arquitectura narrativa. Neuman desplaza con libertad los registros: abre la obra con una autobiografía de su nacimiento en primera persona y, en el capítulo siguiente, adopta la distancia de un narrador omnisciente para contar la llegada de sus abuelos a la Argentina mientras escapaban del régimen zarista ruso. Cada capítulo parece contener una pequeña crónica autónoma, como si el árbol genealógico se desplegara en una constelación de relatos breves. Esta elección formal permite que el texto se desprenda de una cronología rígida. Los saltos temporales, los cambios de perspectiva y la alternancia de protagonistas no generan desorientación; por el contrario, reproducen la lógica fragmentaria de toda memoria heredada. Pasamos de la infancia del autor a la mirada de familiares secuestrados durante la dictadura, de escenas íntimas a procesos históricos más amplios. Cada episodio encuentra su propio tono, invitando a que cada lector descubra el relato que más lo interpela. No es casual que, en un presente atravesado por preguntas identitarias, regresen con fuerza las narrativas del origen. En tiempos de incertidumbre, la literatura parece volver una y otra vez a la pregunta más antigua: de dónde venimos. En ese gesto, la genealogía deja de ser un mero ejercicio retrospectivo para convertirse en una herramienta de comprensión del presente.

Las crónicas de las familias Neuman y Galán se construyen en un territorio donde conviven la investigación, el testimonio y la imaginación. Un mismo acontecimiento puede ofrecer versiones contradictorias o apenas verificables, y el autor no intenta disipar esa ambigüedad. Más bien la incorpora como parte constitutiva del relato, poniendo en tensión la figura del narrador y recordándonos que toda memoria es, también, una forma de interpretación. La prosa avanza con una naturalidad engañosa: bajo su tono cercano se acumulan exilios, pérdidas y desplazamientos que terminan delineando una épica familiar sin grandilocuencia. Neuman alterna humor y desgarro con precisión, evitando tanto el sentimentalismo como la solemnidad excesiva. Como muchas historias argentinas, la suya oscila entre la tragedia y el absurdo —esa combinación que el país parece haber convertido en un género propio. En ese vaivén reconocemos la viveza de quienes llegaron desde otros territorios para reinventarse y, al mismo tiempo, las marcas de los períodos más duros de la historia nacional. El libro atraviesa décadas y climas culturales diversos: desde los primeros inmigrantes que arribaron durante el yrigoyenismo hasta quienes experimentaron la desilusión del menemismo. Sin proponérselo como programa explícito, Una vez Argentina compone una cartografía afectiva del país a través de un relato profundamente personal. Esa memoria, además, desborda las fronteras nacionales. Bisabuelos provenientes de Rusia, Alemania o Francia aparecen con sus costumbres y singularidades, todos enfrentados al desafío de adaptarse a un mundo latinoamericano tan complejo como la tierra que dejaron atrás.

Andrés Neuman - Foto por Rodrigo Valero para El Cultural - 2024
La escritura de Neuman se detiene con cuidado en los espacios y en los gestos mínimos, otorgando espesor sensible a vidas que el autor nunca llegó a conocer. Incluso en los pasajes más duros persiste una dimensión lírica que no embellece el dolor, sino que lo vuelve legible. Hay algo profundamente inquietante en lo que el libro consigue: al reconstruir su árbol familiar, Neuman nos empuja —casi sin advertirlo— a volver la mirada hacia nuestras propias procedencias. Despierta la curiosidad por esos relatos remotos que, aun sin reconocerlos del todo, continúan modelando lo que somos. Tal vez por eso Una vez argentina no solo narra el pasado de una familia. Nos recuerda que toda memoria es, en algún punto, una forma de pertenecer.
Ficha técnica:
Fecha de publicación original: 2003
Autor: Andrés Neuman
Género: Novela autobiográfica, ficción
Editorial: Alfaguara
Formato: 24 x 15
Páginas: 296
Nº ISBN: 978-987-738-098-9
Disponible en: Tienda de Libros Marine
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