Lub-Dub: los latidos de la danza
Por Martina Pawlak
Lub Dub. Autoría: Roxana Grinstein. Intérpretes: Julia Gómez, Carla Rímola. Escenografía: Ariel Vaccaro. Iluminación: Alfonsina Stivelman. Música original: Martín Ferres. Diseño: Camila Castro Grinstein. Fotografía: Camila Castro Grinstein. Dibujos: Camila Castro Grinstein. Asistencia general: Evelyn Colman. Coreografía: Roxana Grinstein. Co-producción: Prodanza, Premio Artei. Dirección: Roxana Grinstein.
Domingos de octubre de 2026 a las 18:00 horas en el Teatro El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, CABA).
Aprenderse las tablas. Memorizar. Multiplicar.
La danza clásica es la base de todas las danzas; es como decir: “la danza clásica es la matemática de la danza”. Toda disciplina artística tiene reglas, fórmulas propias de cada lenguaje. La danza clásica toma mucho de la matemática en pos de alcanzar esos ángulos imposibles, esa geometría perfecta.
Lub-Dub estudia la aritmética y la geometría de la danza. El rombo perfecto del plié, las piernas abiertas a 180º del penché. El ideal. Sin la geometría, el ballet no sería posible. El lenguaje se compone de parábolas, ángulos, cuentas. Sin la matemática, el ballet no existiría.
¿Qué pasa cuando esas reglas inmateriales se trasladan a los cuerpos? Aparecen la obsesión, la rigidez, la hiperexigencia. Lub-Dub explora ese lado oscuro de la danza, el dolor que subyace a la práctica, las maestras que tratan a sus bailarinas como si fueran una masa informe que deben moldear, sin tener en cuenta el posible daño psicológico.

En la práctica de la danza, nos enfrentamos constantemente al ideal. Cada alumno llega a clase con un repertorio de imágenes de lo que considera la perfección: simetría, líneas infinitas, agilidad.
Por supuesto, este ideal conlleva esfuerzo y sufrimiento. La pedagogía de la danza ahora está cambiando, pero durante décadas se nos enseñó a meter la “cola”, hundir la panza y aguantar la respiración. Sostener, sostener, sostener.
De hecho, en algunas clases de danza está prohibido ir al baño. O bostezar. Lub-Dub da cuenta del sistema opresivo que puede ser la danza enseñada desde esa pedagogía obsoleta y dañina.
En El origen de la danza, Pascal Quignard escribe:
Tener buena compostura es tener buena apariencia o al menos darse una regla para no traicionar la propia indigencia. Se trata de no dejar que el miedo desborde unos límites del alma e invada todo el volumen del cuerpo hasta alcanzar la superficie. Se trata de conservar un buen «porte» a pesar del sufrimiento orgánico o de la tristeza. Se trata de enderezarse, mantenerse erguido, sacar el pecho, alzar la vista.

En el ballet, mantenerse erguidas y largas como cisnes es la base de la técnica. Las emociones, si caben, deben estar canalizadas en y para la danza; no se permite el desborde a menos que esté coreografiado. El miedo debe ser maquillado, encorsetado y, de ninguna manera, debe llegar a la superficie, es decir, afectar lo visual de la danza. El ballet es un juego de espejos, donde las bailarinas se reflejan unas en otras, y el código consiste en que el reverso de ese espejo —el dolor, el sufrimiento, el miedo— jamás debe mostrarse.
“Danzar es «salir sin irse»”, escribe Quignard. Salir del miedo, de la temporalidad; de la quietud o del movimiento, según haga falta. Pero nunca irse; nada más trágico que una bailarina que parece ausente en escena.

El movimiento es esa salida, una corporalidad sin materia, un halo que perdura, difícil de asir. Conocer lo cuadrado para poder abordar lo curvo; entrar en la estructura sin convertirse en la estructura, que carece de personalidad y emoción. Dominar la técnica permite dejar ver el carácter; un carácter resistente, forjado por la propia danza.
“No te muevas; no respires” es un estribillo que subyace a Lub-Dub. Sostener aún sin energía, a través del cansancio; the show must go on. Una bailarina debe ser sólida como un edificio, flexible como una palmera. Y debajo de esa estructura, el desafío es seguir escuchando el lub-dub del corazón.
Todas las fotografías pertenecen a : Mónica Camacho
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