El mar se fue, quedó la sal. Notas sobre "Cómo será el pasado", de Eugenia Cadús.
- Martín Montani

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Por Martín Montani
Volver a pisar ahí. El pie primero. Después su peso. Las rodillas ceden, apenas. La planta roza el piso. El talón insiste. La espalda se inclina, se retira, vuelve. Los brazos dejan pasar una corriente. En cada repetición el cuerpo pierde una pequeña cantidad de mundo. Sudor, respiración, temblor, cansancio y todo lo que no aguanta, lo deja caer.
Entre lo que se va y lo que sube del fondo, un cuerpo danza para volver a encontrar el lugar exacto donde algo empezó a desprenderse. Aquello que cayó se seca lentamente. Aparece una señal blanca. Una frontera. Una orilla mínima nacida del esfuerzo. Entonces la mano baja. La palma toca y recoge lo que el movimiento dejó. La lleva a la lengua. Y por un segundo, lo que parecía perdido vuelve a tener marea.
No conozco mejor emblema para este screendance Coreografías imposibles que seguir diciendo: acá alguien se movió.

Los griegos tenían una sola palabra para las dos cosas: ἅλς / hals. En femenino nombraba el mar. En masculino, la sal. La misma palabra que solo el género la partía. Cuando el mar se retira, cambia de género lo que deja.
En la Odisea, Tiresias le profetiza a Ulises en su último viaje caminar tierra adentro con un remo al hombro hasta llegar a hombres que no conocen el mar y comen sin sal. Donde no hubo agua no habrá viaje. Y el remo, herramienta del movimiento, clavado en esa tierra, se vuelve señal. Casi tumba.
Didi-Huberman llamó huella por contacto a la marca que deja un cuerpo al apoyarse en una superficie. La sal marca el borde. La sal conserva porque seca, cura el pescado, muerde la herida, detiene el tiempo de la carne. Preserva y frena la putrefacción.
Toda conservación es una violencia suave.

Hay un tiempo del pasado moviendo futuro, no lo que fue sino lo que va a ser cada vez que un cuerpo vuelva a pisarlo, como una marca de los ocho pasos en las baldosas porteñas.
A partir del díptico de esta obra, quizá, también nos revele un umbral posible en que la danza sea el recuerdo de un gesto que el cuerpo nunca terminó de olvidar. Sobre su primera parte, Conferencia ilustrada sobre una reimaginación del ballet Tango (1955), conferencia performática cuyo título es ya una imagen danzante que sobrevive para sacar a bailar sus documentos, testimonios de bailarines y bailarinas partícipes de Tango in memoriam al coreógrafo Roberto Giachero y Sebastián Lombardo. Una hamaca que hace oscilar, hacia nuestro futuro histórico, aquella dupla unida por el pasaje del tango al escenario lírico.
En su segunda parte del díptico, subtitulada Cartografía de una poética Sur, la acción del gestus y la memoria oral, en clave performática, devienen ejercicio de la reconstrucción en el que se rearma el rompecabezas de su primera parte para reactivar, en el presente, la cartografía del cuerpo.
Si hay una danza donde el cuerpo argentino guardó su cultura es el tango. Una manera de caminar abrazado, de cortar la caminata, de esperar en la pausa, de girar sin soltar. Un baile de la demora. El corte como cesura, la interrupción del sentido, el silencio adentro del movimiento.
Bailado en la vereda, en el salón, en el patio, el tango inscribió el cuerpo en el espacio público y dejó ahí su sal de miles de caminatas abrazadas secándose en el piso de una milonga.
En esta performance, un compadrito observa y levanta su dedo meñique, protocolo hegemónico de la norma cultural como tensión escénica a las intérpretes femeninas. Sin embargo, el giro contra natura es que ellas recuerdan desde su voz el continuum de las coreografías pretéritas.
Una imagen síntesis exquisita: dos cuerpos pican el suelo con un pie, en punta o media punta, mientras la otra pierna se proyecta hacia atrás en arabesque, abriendo una línea extendida que eleva la mirada y organiza el espacio.

Hay un duelo en cada danza que se despide de cada posición al pasar a la siguiente, pierde el gesto en el mismo instante de su ejecución. Bailar es perder a tiempo. Por eso la sal también fue rito.
Hay un modo en que se transmite la danza como lo que desaparece, aparece y se borra; no deja objeto, muere en el acto. A contrario sensu, todo este corpus migra hacia el cuerpo que la vio, hacia el cuerpo que vuelve a activarlo.

Toda esta investigación pone en movimiento una historia que mira hacia atrás. El riesgo del oficio está en esa vuelta de quedar convertido en el resto salado de la propia mirada. Sin embargo, la memoria bien merece esa astucia; no la del héroe que retorna victorioso a su tierra natal, sino la del que narra, sin rostro de vencedor, empujado de espaldas hacia el porvenir mientras junta, uno por uno, los restos que el tiempo va dejando caer.
De otro modo, se pudre en el olvido de la historia.
Los romanos espolvoreaban harina salada (mola salsa) sobre la víctima antes del sacrificio. De ahí viene inmolar. Se compartía pan y sal para sellar la hospitalidad como un pacto que no se rompía. La sal purificaba, protegía, consagraba el pasaje.
El que entra, el que se va, el que se ofrece. Cada paso de una danza es un umbral, una encrucijada de piernas que se cruza, se ofrenda algo, no se vuelve igual. Entre el sonido de Orfeo y Eurídice de Gluck y los Tres recuerdos de Fresedo, nos quedan en su final, en el piso, pétalos y estampitas secándose despacio, como la sal.
Y sea esta una ofrenda
a Nuestra Señora del Piqué Arabesque,
bajo custodia de Roberto Giachero.
Amén.

Las fotos pertenecen a Mariana Di Vincenzo.
Imagen de la sal, imagen de los pies, zapatos y y performers: Coreografías imposibles
Estampita de Roberto Giachero.
Cómo será el pasado (díptico)
Integrado por Conferencia ilustrada sobre una reimaginación del ballet Tango (1955) y Cartografía de una poética Sur.
Idea, textos, coreografía y dirección: Eugenia Cadús, Carla Rímola, Laura Figueiras, Sofía Rypka, Ana Pellegrini y Mateo de Urquiza.
Intérpretes: Laura Figueiras, Mateo de Urquiza, Eugenia Cadús y Carla Rímola.
Música en escena: Santiago Torricelli.
Visuales: Ana Pellegrini y Eugenia Cadús.
Coordinación general: Eugenia Cadús.
Duración: Cartografía de una poética Sur (25 min); Conferencia ilustrada sobre una reimaginación del ballet Tango (1955) (25 min); versión conjunta del díptico (60 min).
El proyecto forma parte de la investigación PICTO-UNA-00007 "Historiografías en movimiento. Archivo, recreación y nuevas metodologías para abordar la historia de la danza argentina", desarrollada con apoyo financiero de la Agencia I+D+i y FONCyT (agosto de 2023-agosto de 2025).
Presentaciones en proceso
Cartografía de una poética Sur
Congreso anual de la Dance Studies Association, Centro Cultural Paco Urondo (FILO-UBA), 27 de julio de 2024.
IV Diálogos de Investigación, Universidad Nacional de las Artes, 23 de noviembre de 2024.
ESEA N.º 2 Jorge Donn (CABA), 18 de junio de 2025.
Sala García Morillo (UNA), 18 de junio de 2026.
Conferencia ilustrada sobre una reimaginación del ballet Tango (1955)
Thinking Through/With Latin American and Spanish Dance, Art Share L.A./USC, Los Ángeles, 10 de marzo de 2025.
PAB Performance LAB, Reed College, Portland, 20 de marzo de 2025.
Estreno de la versión completa
23 de noviembre de 2025, Museo Ernesto de la Cárcova, Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires.
Coreografías imposibles (screendance)
Dirección: Eugenia Cadús, Mateo de Urquiza y Ana Pellegrini.
Coreografía e interpretación: Eugenia Cadús.
Idea, textos y voz: Mateo de Urquiza y Eugenia Cadús.
Asistencia coreográfica: Laura Figueiras, Aldana Iglesias, Carla Rímola, Ayelen Clavin y Ana Pellegrini.
Cámara: Mariana Di Vincenzo, Luz Tripiana, Aldana Iglesias e Irene de la Puente.
Montaje: Ana Pellegrini.
Reconstrucción musical del ballet Tango: Santiago Torricelli.
Música: Sebastián Lombardo, Christoph Willibald Gluck y Osvaldo Fresedo.
Dirección y coordinación general: Eugenia Cadús.
Preestreno: 18 de junio de 2026, Sala García Morillo, Departamento de Artes Musicales y Sonoras, Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires).
Distinción: Premio Especial de Danza, XIV edición de Inspiraciencia (CSIC, España), categoría Screendance Adulto (2026).
¿Por qué estos libros dialogan con este ensayo?
Porque abordan, desde perspectivas complementarias, algunos de sus núcleos fundamentales: el cuerpo como experiencia y archivo, la transmisión del movimiento, la memoria inscrita en los gestos y aquello que persiste cuando la danza parece desaparecer. Cada uno, desde su propio campo de reflexión, amplía las preguntas que este ensayo abre sobre la huella, el tiempo y la supervivencia del cuerpo en movimiento.
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