ESTA OBSESIÓN QUE TENEMOS
- Maitén Aimé

- hace 21 horas
- 4 Min. de lectura
-Por Maitén Aime
Hace unas semanas se realizó en el espacio amigo EK, la presentación de
la edición de fin de año 2025: Derivas.
La deriva como movimiento constante y mutante.
Coincidimos: el movimiento que proponemos va más allá de las obras y más acá de la danza. Hay un movimiento que, antes que poético, es político, que abre posibilidades y es profundamente humano. Vital, “natural”. Una necesidad de desplegar para comprender, transitar y construir. Poner en movimiento dispersa la oscuridad que estamos atravesando. Descomprime y aclara.

Marina comparte un proceso que deviene método: poner en palabras el movimiento y viceversa. No hay traducción ni metáforas. Hay registros diferentes de lo mismo, que se combinan para sumar dimensiones. Para ampliar la percepción y las posibilidades de acción. La vida (a nivel concreto, como el universo si tenemos flashes más cósmicos y/o cuánticos) no es lineal, es multidimensional y eso se alimenta, se construye, se mueve, se observa y se crea. Hacer hacer aparecer (Despret. 2022). La percepción individual se vuelve colectiva. Lo ES, aunque esté difícil encontrarle sentidos a la existencia, perspectivas de futuro, ganas de fluir. Estamos pasmadxs frente a las pantallas que nos encandilan con bombas como a animalitos a punto de ser cazados. No pueden. El movimiento es lo más íntimo. La danza es el tiempo. Es la posibilidad de tiempos y espacios otros, para zafar, imaginar, desplegar… Nuestro tiempo se entrevera, se multiplica, se profundiza y define nuestras formas de estar en el mundo. El ritmo, el recorrido y eso que es, que, aunque inexplicable, sucede, aparece, desborda y va siendo en la medida en que se transforma y lo dejamos ser y formar parte.
Nuestra obsesión es el movimiento. El movimiento de las cosas del mundo. El movimiento escondido en el fondo del pasmo.
Catalina baila.
NUESTRA OBSESIÓN es el movimiento. La comprensión vital, por sobre las semánticas técnicas. La construcción colectiva de posibilidades más amables. Todo se mueve. Y lo que no se mueve, se muere.

DERIVAS: A DONDE VAMOS NO NECESITAMOS MANIFIESTOS
Que el mundo de la producción cultural está yendo hacia experiencias más virtualizadas y menos sensibles, es a simple vista perceptible. Las imágenes de estadios, salas, calles repletas de personas filmando pantallas, con una pantalla más pequeña, en silencio, todo quietud y rigidez cotidiana, pueden verse llenando paredes de recuerdos digitales, que no sólo no nutren ni suman nada, sino que colaboran al colapso mental de la sobreestimulación permanente. Tampoco son un registro fiel de la obra o el acontecimiento, que contribuya a una memoria colectiva de un evento significativo, su circulación reflexiva, constructiva más allá de la demostración de que se estuvo allí aunque ausente, etc.
Estamos en un momento en el que es más importante la imagen que congela un evento en el que “estuvimos” como trofeo, que la transformación personal, íntima y relacional, colectiva que se espera de una experiencia estético-performática-cultural. Y así estamos, comiendo sin digerir cientos de miles de imágenes digitales por día, sin estar en ningún lado.
AQUÍ Y AHORA
(no como mandato niu eish falopa,
sino como apertura,
como devenir,
como flujo permanente,
como un estado consciencia ampliada
reflexiva
responsable
constructiva)
Un presente situado
Un aquí y ahora para
un entonces y allí
utópico
posible
nuestro
Fraccionamos la experiencia en millones de imágenes que se pierden rápidamente en la vorágine de las redes, desligadas del acontecimiento, como nosotres de la experiencia. Aniquilamos la percepción y su capacidad de agencia. Asistimos inmóviles a la tormenta de emociones psicotizantes que no podemos procesar.
El movimiento conecta, integra, ofrece rajes, rejuntes, narrativas, sentidos, posibilidades.
Por eso nuestra obsesión es el movimiento y adónde vamos no necesitamos manifiestos. No nos interesa cristalizar nada. Ni antes, ni ahora, ni después. Porque el tiempo no es lineal; la experiencia tampoco. Nuestra obsesión es nutrirlo, ampliarlo, el movimiento como forma de estar siendo en la vida, con lxs otrxs, en el planeta. El movimiento antes del lenguaje y la significación. El movimiento de las cosas que las conecta y las entrevera.
En Mariné, las obras son momentos y la escritura su continuidad. No usamos la danza para… ni escribimos para establecer ni pregonar nada. Simplemente buscamos abonar a los movimientos propuestos por lxs artistas, continuar el movimiento de las cosas para ir construyendo caminos y que el movimiento nos vaya construyendo a nosotres.
Sin movimiento no hay nada y el poder lo sabe: si quieres que algo se muera, dejalo quieto.

Catalina baila mientras en el aire todavía laten ideas, formas de habitar, conexiones insólitas que ofrecen sentidos nuevos, móviles pero profundísimos. Los lenguajes y miradas que circulan no están aislados, no empiezan y terminan, aparecen, juegan, afectan, mueven, se enriquecen e interrelacionan. Ayudan a resignificar las lecturas de la realidad, navegando en la inmanencia de lo efímero… Simplemente ponemos el foco en ese momento, que es aquí y ahora, pero también antes, después, por allá, por acá, por ahí…
Esta nota acompaña la cuarta presentación de Revista Mariné, realizada en Espacio EK el 20 de diciembre.
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