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Cuerpos de Texto | Primera Edición | Escrituras Híbridas

Esther Mateos es arquitecta y escritora. Desde hace años se forma en escritura y actualmente cursa asignaturas de Artes y Humanidades vinculadas al arte, el cuerpo y los estudios de género. Su trabajo explora la construcción de la subjetividad, la identidad sexual y de género, y las formas en que las prácticas culturales atraviesan la experiencia corporal.

Instagram: @es.therka Substack:  https://substack.com/@ejem



El cuerpo (des)integrado


¡Nace! Sal, ven aquí. Llora. Eres una…


¡c

h

i

c

a!


Antes de irte voy a perforar tus lóbulos, te voy a adornar con estos pendientes, vas a estar muy…


¡g

u

a

p

a!


(es esencial que estés guapa, desde los cero años hasta que te mueras).


Toma este pijama-habitación-juguete rosa. Toma: un muñeco de un bebé, unos utensilios de cocina a la escala de tus manos diminutas, alimenta, cuida, acuna. Practica para hacerlo bien cuando seas mayor (es esencial que lo hagas cuando seas mayor).


Toma también este disfraz: una princesa. Como la de esta peli de “niñas” o como la de este libro: romántica, tímida, sonriente, pasiva. No seas bruta, no te manches el vestido. Esa cantante que te encanta [inserta según generación] tiene [demasiado carácter/un baile demasiado obsceno/inserta de nuevo según generación]. Esa actriz es demasiado gorda. Esa modelo tiene celulitis y pelos en el cuerpo - ¡cómo se atreve!


Ahora eres una mujer de verdad: estás sangrando, cuidado, puedes tener hijxs, cuidado, los chicos, cuidado. Camina alerta, cierra las piernas al sentarte, falda más larga, falda más corta, ¡voy a tener que apartar a los moscones!, cuidado (es esencial que tengas cuidado - con los hombres, con todo, todo el rato).


Dame un beso, toca aquí, ¿no quieres?, tranquila, si ya acabo, es un momento.


Ahora vas a estudiar una carrera y nada de lo que aprendas los próximos años lo habrá hecho jamás ninguna mujer (ni mucho menos, racializada, ni mucho menos, pobre). Ahora al mercado laboral: “Niña, sonríe, ¡así da gusto venir a trabajar!” Estás muy guapa (como te dijimos con cero años, es esencial que estés guapa. También que no grites, no te enfades, no incomodes, no hables, no ocupes demasiado espacio).



¡¿Cómo que [bisexual/lesbiana/trans/inserta cualquiera de las siglas]?! Tu novio tiene pluma. Tu novia hace de chico. ¡¿No monogamias?! ¿Y cómo va a saber tu novio si [tú/su hijx] es suyx? Pobrecito. Por cierto, a ver cuándo tenéis hijos (es esencial que tengas hijos).


Adelgaza, tienes que querer adelgazar (si puede ser, enferma: un TCA te vendría bien para controlar tu peso; recuerda que [inserta nombre de cualquier mujer] estaba gorda), come poquito, depílate, compra todos estos productos que utilizan [esas millonarias en tiempo y en dinero] para cuidarte la piel, el pelo; compra ropa, que te quede bien, claro, según el cuerpo que tengas, ¡no vale cualquier cosa! ¿Y si te operas? ¿Has visto la “Instagram face” que te mostramos constantemente en tu algoritmo? Tienes los labios finos, los muslos gordos, las tetas pequeñas, la nariz grande, etcétera, etcétera, etcétera. Entretente buscando y mirando todo esto (y no pienses en todos estos actos reguladores impuestos, no te politices, no hables con tus amigas de nada que no sea esto, no seas pesada corrigiendo los comentarios [machistas/racistas/tránsfobos/capacitistas/edadistas…] de tus amigos (que no se están revisando como vosotras), no luches por tus derechos, no se te ocurra darle vueltas a los porqués ni a los para qués).


Por fin, ¡por fin! Has sido madre (¡era esencial que fueras madre!). Toma: tu bebé, vete a casa; no, no puedes quedarte más en este hospital. Materna, educa, cuida (ya habías practicado). Reduce tu jornada, si tú estás aquí, ¿quién cuida al bebé? Los únicos lazos comunitarios posibles son los tuyos contigo misma - puedes llamar a tu madre para que críe de nuevo ahora que está jubilada y tiene tiempo libre (cuando no lo tenía, también) (libre implica posible explotación). Por cierto, se te ha quedado la tripa caída.


A partir de ahora irás siendo cada vez más transparente hasta que no existas. Cada arruga y cada cana son un paso más hacia tu borrado. Tíñete, hidrátate, cuídate (es esencial que luches contra el paso del tiempo).


El resto no sabemos cómo acaba: las viejas de más de treinta años no le interesan a nadie.


El único último acto regulador será borrarte: ya no puedes producir más mano de obra: estorbas.


¿Y si fuera otra parte del cuerpo la que nos clasificara? ¿Y si no fuera ninguna? ¿Podría no ser ninguna?


La fragmentación del cuerpo prescribe de forma binaria: la distinción primigenia es de género desde la división sexual del trabajo. Si hubiéramos consensuado seleccionar la longitud del dedo corazón respecto al anular, o el lóbulo izquierdo… nada garantizaría más mano de obra, claro. De forma binaria se clasifican, por lo mismo, la sexualidad, la identidad sexual y los lazos relacionales: no existe —se está creando —un vocabulario que denomine todo lo que queda en medio. El lenguaje fabrica la realidad: todo es, por tanto, un artificio producto de nuestra imaginación, una construcción discursiva e histórica basada en costumbres heredadas y mitologías fundacionales. Todxs somos, como dice Stryker: “un ser creado, una cosa hecha”.


Son determinados aspectos visibles del cuerpo las que regulan en base a unos estándares establecidos por el pensamiento heterocentrado. El cuerpo es condicionado por dispositivos reguladores que trascienden lo social y llegan a las instituciones: la educación, la sanidad —violencias sobre los cuerpos gestantes desde las primeras revisiones ginecológicas hasta el proceso del embarazo, parto y menopausia —, la burocracia —cambiar de género en los documentos de identidad puede ser un proceso largo, tedioso y hostil cuando el hecho de que el género figure en ese documento ya es en sí un acto regulador inútil (¿para qué queremos indicarlo?). El audiovisual, la publicidad y el contenido que se muestra en redes —cada vez más parecido a una teletienda omnipresente —regulan también los comportamientos esperables según el género.


La verdad es que, pensándolo bien, no recuerdo ningún momento en el que mi cuerpo haya sido solo mío.

A los dieciocho años el dedo pulgar de tu mano dominante mide cinco centímetros y medio. Tu dedo prensil marca la diferencia evolutiva: si lo unes con el dedo corazón, hace que puedas abarcar cilindros de un diámetro de aproximadamente cuatro centímetros. Lo registran todo: miden las distancias entre carpio, metacarpio y falange, la longitud de la placa ungueal de la uña, la hiperextensibilidad distal. Según sus tablas todo eso te hace pasar a formar parte del grupo Cinco, subtipo B: un poco por encima del grupo Cuatro, pero por debajo del Seis.


Consultas tu listado de posibles salidas profesionales para el grupo Cinco. A lo mejor puedes hacer otra cosa, se han dado casos, pero es más fácil así. Del grupo Cinco B se esperan ciertas labores —no ciencias, claro, eso está reservado a grupos superiores; tampoco oficios —, podrías encajar en comunicación, cuidados o enseñanza. Vuestras bandas salariales serán estipuladas por ciertos códigos —aunque tu puesto sea el mismo que unx miembrx de otro grupo —. Tu expresión corporal y tu jerarquía relacional quedan a partir de ahora establecidas para siempre.


Con el tiempo dejarás de pensarlo. Tu hijx pasará a consulta cuando cumpla dieciocho, con pulgar o sin él.

Esther Mateos
Esther Mateos

 
 
 

Bio

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