Cuerpos de Texto | Primera Edición | Escrituras Híbridas
- Ámbar Lugo
- hace 1 día
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Ámbar Lugo (Luam, Electra)
Soy realizadora y estudiante de Cine en Chavón: La Escuela de Diseño. Desde 2023 investigo
y experimento con la forma en la que me relaciono con el arte, siendo el contexto, mis emociones, mi relación con la política y la sociedad, elementos determinantes para el pensamiento y producción de proyectos artísticos. Junto a la palabra hablada, el cuerpo y recursos del Cine y el Teatro, busco transformar inquietudes personales en experiencias sensibles y profundas priorizando el diálogo activo entre obra y espectador.
CIUDAD Y PAÍS DE RESIDENCIA Santo Domingo Este, República Dominicana
REDES SOCIALES O SITIO WEB @patisoyluam en Instagram
MIRADA, MEMORIA Y ESCUCHA
Ámbar Lugo (Luam, Electra) • Santo Domingo Este, República Dominicana, 2026

1
Residencial Nancy Nadesha, 4 de diciembre del 2011, 6 de la tarde y milagrosamente con luz eléctrica. La cisterna se está llenando, se corta queso, jamón y se ubican galletas en una bandeja improvisada. Marisol, una de las tías de la familia, está entusiasmada porque celebrarán un cumpleaños, uno que comparten dos personas, pero del que solo se conmemora la memoria de una sola. Los vecinos frontales, traseros y laterales son muy “piripipá”, al menos así se refiere Marisol a ellos para autoconsolarse y luego agregar que por fin celebrarán en familia un evento importante. En medio de los preparativos se contempla otra celebración para el futuro: la primera graduación de un miembro de la familia con un título universitario en una carrera importante; el Derecho. La familia tiene tres hijas, mujeres que han sabido encontrar una forma especial y personal para administrar sus vidas, una de ellas nunca se casó. Quiso ser modelo, luego actriz o puramente teatrista, luego se decidió por entender a la tecnología y destinó tres años de su vida a una licenciatura en uso de computadoras dentro de una oficina. La mujer eventualmente fue madre, y en movimiento conoció a un hombre italiano. El hombre se enamoró, ella lo escuchaba y respetaba. Él sabía poco español, ella lo descifraba, sin darse cuenta sabía italiano, aunque no lo hablaba. Él se enteró de que ella estaba embarazada, le ofreció sus privilegios, apellidar la crianza y llevárselas a Italia. La mujer no aceptó porque él fumaba, era ateo y viejo. Él la entendió, no insistió, pero se quedó. La familia lo recibió como un miembro especial y lo escucharon con dificultad, solo la tía licenciada decifraba lo que él sentía. La mujer que después empezó a ser madre seguía entendiendo su lenguaje, pero no simpatizaba con lo que él sentía, o quizás no le afectaba como a él lo que se conversaba. Por muchos años en el país solo existió el extremo solazo, y al llegar su traslado permanente al campo, la mujer se vio en la necesidad económica de ofrecer sus manos al cuidado del hombre italiano. El hombre no la concebía como cuidadora, él sostenía el sueño de ser su hombro y que ella fuera su amiga y esposa.
Boca Chica, zona residencial con una comunidad italiana desde los 80's. Junio del 2024, 12 de la tarde, una Ford Escape sin aire acondicionado, con polvo y pisadas de chancletas gastadas que se desmontan de ella con el mejor esfuerzo para no golpear tan fuerte sus puertas. Los pies son de la tía licenciada y la hija de la mujer que luego fue madre. El hombre italiano ha empeorado con los años y una enfermedad lo limita a una cama. Esto es lo más valioso que habita en su casa: su cuerpo, un celular con el contacto de su hija en italia, y tres fotografías sostenidas entre polvo; los recuerdos de su memoria y tachuelas oxidadas; una de las fotos es de la mujer que quería ser modelo y luego fue madre; otra es de la nieta que le dejó una carta, la cual está guardada en los recuerdos de quien narra. La hija de la mujer se acercó a él, le conversó, recordó los diarios del hombre y lavó sus pies antes de la muerte que sería a los dos o tres días siguientes. El hombre soñó con ser esparcido en el Mar Caribe, y la mujer que amó, sin interrupción se lo concedió con torpeza, desconocimiento y esa empatía incompleta con la que el hombre desde los 80's convivió.
Santo Domingo Este, la parte más cercana al Puente Duarte, 2026. De siete a siete, de lunes a viernes, con todo tipo de olores y colores, la hija de la mujer recuerda al hombre italiano con un tipo de memoria que ellos comparten.
2
La espalda de esta persona,
la que tiene blusa blanca,
parece una escalera sin agarradera.
La espalda de esta persona,
la que tiene blusa blanca.
3
El domingo 14 de este mes – junio del 26 – soñé que daba a luz a Paco. Era cómodo y sorprendente lo físico que era. En un momento me fui dando cuenta de que ese “parto" era realmente mío. Era yo. He tenido en muchas ocasiones la sensación de que me doy a luz o me aborto a mí misma. Y esto se plantea en mis sueños – lúcidos o no – como algo que se lleva a
cabo a través de los sentidos o mi vagina.
El tacto es tibio y se nota porque el color que se logra ver es anaranjado, con líneas degradadas como la falda larga que me prestó Alessa. También se nota por lo que se escucha: casi nada, pero muy lejos se alcanzan latidos. Latidos, y en consecuencia un llanto que, en lugar de marcar tristeza, abre las puertas de un parto. El parto no es convencional. El parto es el de un cuerpo propio: Botánica. Ella, una persona. Una persona con orejas pequeñas que acaparan distancias complejas de su memoria. A través del sonido recuerda, y con el cuerpo estudia su propia cartografía. Sus pliegues como punto de partida al horizonte.
4
Quizás vendría mejor un poco de atención,
enfrente está el cuerpo que no sabe responder.
Quizás ya respondí.
Quizás ya renuncié,
y esas manos se deslizan sobre el cuerpo que dudó.
Sobre el cuerpo que cedió.
Cuatro ojos me miraron
y nunca dije que no.
Nunca el "no" se comprendió,
no sé por qué no dudas
del "no" que se explicó.
Y no sé.
Y no sé,
fue tanta la cordura que nunca se perdió,
quizás fue por la pena a decirles que no,
por eso me pregunto:
¿Dónde queda la atención?
Porque no fue solo una vez que les dije que no.
Eso hace todo más aterrador.
5
Un cuento sobre superficies
Encontró una librería y sí juzga a los libros por sus portadas, porque ellos, los libros, le hablan.
Ellos, los libros, son esenciales en la búsqueda de memoria, su pérdida y el decir sobre el
presente.
En el presente – los libros – le hablan sobre el espacio, y ahí es cuando entra. Ella entra y encuentra. Como un topo se entremete. Como un lavador de peceras – el pez – se entremete. Como el animal más curiosamente desesperado se sumerge. Se entremete. Con la información. Con el recuerdo de que hay palabras que existen y no siempre serán dichas. Con la información. Con el recuerdo. Con la noticia. Con la dicha de las imágenes correspondidas entre un más allá de palabras bonitas. Y ella, la que busca, se sumerge, se entremete. Así, carga en la maleta lo que más se promete. Sueña. Bucea. Se sumerge. Sobre el cuerpo y con el cuerpo se sumerge. Se disuelve y compromete. Se mueve con la intención de llegar, de llegar a la superficie, de nadar hacia arriba con lo que absorbió desde abajo, y le queda mucha carga.
Y ella, la que busca,
patalea sin aletas.
Y ella, la que busca,
arrastra su colmena.
Y ella, la que busca,
se deja, espera.
Ella, la que busca,
desde abajo, con los sueños,
espera sin salir afuera.
Hasta salir afuera.
Hasta salir de adentro.
Hasta girar los huecos.
Hasta la superficie.
Hasta el descanso de su espera.
Hasta lo mucho. Lo poco.
Lo que es todo.
6
Pecera
Rectángulo delgado y necesariamente ancho, capaz de sostener más de un litro de agua, una que esté sin importancia infectada. Un rectángulo al que le falta una tapa, pero no hace importancia vestirlo porque a las aguas les gustan las larvas, algunas que flotan y otras que del techo brotan.



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