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El alma a la intemperie: sobre Vivo, de Marcelo Savignone

Actualizado: 1 sept 2023



El cuerpo es simplemente un alma. Un alma arrugada, grasa o seca, peluda o callosa, áspera, flexible, crujiente, graciosa, flatulenta, irisada, nacarada, pintarrajeada, cubierta de organdí o camuflada de caqui, multicolor, cubierta de mugre, de llagas, de verrugas. Es un alma en forma de acordeón, de trompeta, de vientre de viola.


Jean Luc Nancy, 58 indicios sobre el cuerpo, 2007.

 

El alma a la intemperie: sobre Vivo, de Marcelo Savignone


El cuerpo es receptor, emisor y transmisor. Un cuerpo repone esas transmisiones que le fueron legadas a través de prácticas, usanzas, rutinas y costumbres de otro(s) que, a su vez, constituyen una gran tradición de carácter o forma de corporalidad universal. Esta biografía o memoria viva que vamos compendiando mediante nuevas experiencias no es más que la búsqueda de verdades que, obstinadamente, se niegan a revelarse. ¿Entonces? Entonces, vivimos para encontrar otra razón que no sea solo la singular, aunque excéntrica, contingencia de ser cuerpo.



 


Vivir (no) es asunto serio



"La emoción es creadora, en primer lugar, porque expresa la creación entera; en segundo lugar, porque crea la obra en la que se expresa; y finalmente, porque comunica a los espectadores u oyentes un poco de esa creatividad."


Gilles Deleuze, El bergsonismo, 1966.



La obra Vivo es una escenificación sincrética, compuesta por todo relato posible de ser actuado, danzado y cantado en la voz, piel y puesta en acción del genial actor y director Marcelo Savignone que desgaja ficción tras ficción desde las (propias) entrañas de las Artes Dramáticas, invitando a nuestro imaginario poético-colectivo a jugar.


Así lo hacemos y, con ese gesto que contiene tantos mundos como vehículos artísticos podemos encontrar, acertamos con la idea de un alma como imagen superlativa e hiperbólica que abraza el acto de la creación mediante el riesgo y vértigo que asume la performance en la improvisación de su polifacético autor.


Su personaje es un personaje de los muchos que, finalmente, terminan apareciendo en escena mediante máscaras sin disfraz, durante el transcurso de la obra en la que el tiempo ocupa un no-lugar, un espacio de cielo sin providencias, afirmado en la octava de una melodía compuesta por risas y pensamientos, la mayoría de ellos, en silencio. Estamos en frente de uno y nosotrxs, por casualidad y elección, por antonomasia y sin garbo, libres y condenados, a sabiendas de que la vida es rara, aunque usual y que todos somos una potencial invención dentro de la categoría de lo real, entendido en términos de contemporaneidad. Es decir, seres (a)geográficos, nómadas y errabundos, viviendo con el bagaje del aquí y ahora a pesar de él… Y ello es lo que ésta magnética pieza teatral (re)significa y presenta.


Vivo es el cuerpo de un cuerpo. La razón de una noche. La omisión de un (con)texto. La curvatura u orilla de un río, barco o avión. La intersección de la casualidad con la circunstancia. El alma del cuerpo en la ocurrencia (infinita) de un reloj.






 

Nota originalmente publicada en Revista Varda (https://revistav.wixsite.com/varda)

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