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En Moscú Nunca Es Invierno. Sobre "Lejos de Moscú"

-Por Jamila Juara


Lejos de Moscú. Autoría y dramaturgia: Liliana Escliar Sobre textos de: Antón Chéjov Intérpretes: Milagros Almeida, Fini Bocchino, Julián Cardoso, Guadalupe Docampo, Hernan Lucero, Ricardo Merkin, Alexia Moyano, Silvina Quintanilla Vestuario y Escenografía: Sebastián Sabas Fotografía: Seedy Gonzalez Paz Asistencia de dirección: Seedy Gonzalez Paz Prensa: Tommy Pashkus Producción ejecutiva: Gisella Sirera Dirección: Helena Tritek Dia de Función: 22/02/2026 Teatro: Centro Cultural de la Cooperación Ciudad: Capital Federal País: Argentina

“Todo lo que hoy nos importa, mañana pasará o nos resultará insignificante”.


El domingo 22 de febrero me encontré en el Centro Cultural de la Cooperación, en una sala de teatro grande y cómoda, un espacio lleno de gente anticipando lo que vería a continuación. En escena, una habitación nos transporta a las 1800 y tres hermanas hablan poniéndonos al corriente de su situación. Se cumple un año de la muerte de su padre, muchos más de la de su madre, pero a su futuro incierto lo respalda la convicción —propia de la juventud— de que los mejores días están por venir. Recuerdan su infancia, recuerdan Moscú y sueñan con su regreso.


Lejos de Moscu
PH: @mireveaproducciones Edit. Mariné

Lejos de Moscu
PH: @mireveaproducciones Edit. Mariné

Hay que destacar el maravilloso trabajo realizado con el vestuario. No solo se puede apreciar desde las butacas la calidad de los materiales y su confección, sino que su diseño está pensado para reflejar las características principales de cada personaje. La práctica sensibilidad de Olga aparece en su sencillo vestido azul oscuro. La ingenuidad y el romanticismo de Irina, la más joven, se expresan en sus rizos, sus moños y su vestido rosa. Masha, en cambio, viste elegante y conservadora, completamente de negro, como en un luto perpetuo por una vida desprovista de placer. Los trajes militares son ricos en detalle y queda claro que los actores han trabajado extensamente en el uso de cada accesorio.

La obra transcurre por entero en una sola habitación. La entrada y salida de los actores, los susurros de conversaciones aparte y los cambios en la iluminación aportan el dinamismo suficiente sin necesidad de abandonar ese espacio. Sin embargo, la escena mantiene un vínculo constante con el exterior: al fondo del escenario, en el centro, se encuentra una única ventana por la que la luz del sol atraviesa las cortinas blancas. Frente a ella toman su turno los personajes para mirar hacia afuera, maravillarse o escandalizarse, recordar lo que fue o imaginar lo que vendrá.


En un momento aparentemente azaroso se cuenta la anécdota de un francés que, estando preso, no tenía mayor placer que admirar los pájaros que pasaban frente a su ventana, para olvidarlos por completo una vez recuperada su libertad. Ese comentario pasajero funciona como un preciso paralelismo con estos personajes y su entorno. La habitación de la que no pueden escapar, aun cuando pasan los años, parece reflejar la prisión de sus propias mentes: encalladas en el pasado, en un tiempo mejor, en Moscú.

Solo se alivia la nostalgia con la esperanza de volver. Una tierra maravillosa de infancias felices, familias unidas y un verano eterno que contrasta cruelmente con el frío de la realidad actual. La fantasía ha crecido tanto que, incluso si se cumpliera, difícilmente podría satisfacer las expectativas que ha generado. Ir a Moscú no implica solo aspirar a un futuro mejor: también es intentar regresar a un pasado al que el peso del presente continúa sacándole brillo.


Lejos de Moscu
PH: @mireveaproducciones Edit. Mariné

El salto temporal y la ubicación estática de la escena realzan el bucle que se produce en la historia.

PH: @mireveaproducciones
PH: @mireveaproducciones

El tiempo pasa, las cosas cambian y, aun así, seguimos en el mismo lugar. Los personajes parecen atrapados entre el deseo de volver y la necesidad de avanzar. Su tiempo queda suspendido entre el anhelo, la angustia, el deseo y el dolor. En ellos aparece la inacción que nace del perpetuo esperar: la confianza en que algo mejor llegará, incluso si nada se hace para construirlo.

El tiempo pasa y cada vez avanzo más hacia un abismo, me alejo de la vida auténtica y hermosa.


¿Qué posible final aguarda a una obra que parece recorrer una espiral eterna? Lejos de Moscú encuentra una salida inesperadamente luminosa para una premisa desoladora: la aceptación. Cuando la ilusión de regresar a Moscú se rompe, la obra termina, pero la vida no. Caemos y nos levantamos. Seguimos caminando, incluso cuando el camino debe cambiar. No siempre se cumple el sueño, pero no por eso baja el telón.


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