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Identidades encontradas: la catarsis del goce | Existo y Masaca en el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín

Por Luna López Heine

Identidades encontradas | Existo: Coreografía y dirección general: Georgi Seva. Vestuario: Analía Morales. Iluminación: Hernando Tejeiro. Compaginación, edición musical y puesta de sonido: Iván Lanzo. | Masaca: Coreografía Maia Roldán. Asistencia coreográfica Eduardo Virasoro. Vestuario: Analía Morales. Iluminación: Hernando Tejeiro. Compaginación, edición musical y puesta de sonido: Mariano Vega. | Duración: 50 minutos. Funciones: Junio, Julio y agosto. Hall Alfredo Alcón, Teatro San Martín. Entrada gratuita. Función 21/06.

Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín: Dirección: Andrea Chinetti. Codirección: Diego Poblete. Asistencia coreográfica: Elizabeth Rodríguez, Melisa Buchelli. Elenco: Constanza Agüero, Brenda Arana, Camila Arechavaleta, Adriel Ballatore, Lucía Bargados, Juan Camargo, Carolina Capriati, Matías Coria, Francisco De Assis, Lautaro Dolz, Rodrigo Etelechea, Fiorella Federico, Gastón Gómez, Darcio Gonçales, Jonás Grassi, Alejo Herrera, Benjamín Lameiro, Daniela López, Vicente Manzoni, David Millán, Silvina Pérez, Boris Pereyra, Eliana Picallo, Andrea Pollini,  Lara Rodríguez, Rubén Rodríguez, Damián Saban, Ivana Santaella, Manuela Suárez Poch, Camila Vanoni, Federica Wankiewicz, Catalina Weber, Antonella Zanutto.

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín ofrece una doble función en el Hall Alfredo Alcón los sábados y domingos de junio, julio y agosto. Se presentan dos obras de coreógrafas jóvenes, Georgi Seva y Maia Roldán que, desde distintas aproximaciones, quiebres y desafíos a la danza contemporánea, llevan los cuerpos del elenco a su máxima expresión. Cuerpos que logran emanar calor un domingo de solsticio de invierno.

La función comienza con Existo. El público, como es usual, mira hacia adelante: a ese cuadrado negro que delimita el escenario. Algunas señoras terminan de tomar café en el bar, llegan algunxs jóvenes que se acomodan en el piso.

La obra marca desde el comienzo cierta sensación de extrañeza: figuras con la cabeza tapada por redes blancas, vestidas con sastrería recortada, empiezan a ingresar al salón desde distintos puntos. Bajan las escaleras, pasan entre la gente, se apoyan en brazos y espaldas para poder avanzar. De fondo, un soundtrack casi de película de ciencia ficción espacial, inquietante, genera suspenso.

Hay algo de lo anónimo en esos cuerpos iniciales, que entran al escenario con cierta desconfianza para con el espacio y desconociéndose entre ellxs. Son cuerpos cansados, automatizados, uniformados y desmembrados; no reconocen sus partes, intentan ponerlas en sintonía. Como si ese comienzo quisiera hablar de cierto estado colectivo a nivel social: un adormecimiento generalizado. Como espectador, el tono inicial es incómodo e hipnótico, invita a observar los micro-movimientos, las percepciones atentas y un tanto tímidas para con el espacio. Aunque en principio esas figuras resultan ajenas, como espectador unx logra identificarse a medida que la obra avanza.


Grupo de bailarines enmascarados posa en una coreografía en un escenario oscuro, con luces azules y vestuario teatral. Existo y Masaca
Un grupo de bailarines enmascarados ejecuta una coreografía expresiva y enérgica en el escenario, creando una impactante obra de arte visual bajo la luz tenue.

En este sentido, con el paso de los minutos los cuerpos comienzan a expandirse. Como si fueran aprendiendo a moverse, de a poco, la obra escala progresivamente del anonimato y la anulación colectiva al goce en su máxima expresión. Primero un reconocimiento de los rostros, una acción –sacarse la red que los esconde– que da lugar a encuentros y solturas progresivas. La música acompaña fusionando hacia el hip hop y la electrónica, avanzando cada vez más en la construcción de un ambiente de celebración.

El clímax de la obra llega con el despojo de las ropas, dejando los cuerpos casi al desnudo, evidenciando sus singularidades, aunque en un marco de no binariedad que permanece. Esa liberación de lo puesto, de lo que condiciona, abre las puertas a un desparramo de energía. Casi como si estuvieran en una pista de ballroom, con movimientos que recuerdan al voguing, lxs bailarinxs encuentran éxtasis en el movimiento y llevan su destreza física al máximo. Cuerpos diversos, que son vistos (y disfrutan de serlo); que gozan al ritmo de la música, se tocan, se vitorean. El entusiasmo se transmite hasta el público, que anima a la par del elenco.


Tras un breve intervalo, se da comienzo a Masaca. Podríamos pensar el comienzo de esta obra en opuesto a Existo. Si la primera marcaba una atmósfera espacial, con movimientos cortados, Masaca tiene un anclaje territorial potente; hay ciertas imágenes que se generan en escena, sobre todo al comienzo, que resuenan a El despertar de la primavera de Pina Bausch. Sin embargo, en su versión completamente argentina y latinoamericana. Al ritmo del 6x8 –el compás del malambo– la referencia está en los pies, en el apoyo en el suelo y la energía que brota de este. Sin dejar atrás cierto dejo de delicadeza que tienen los cuerpos entrenados en el ballet contemporáneo, lxs bailarinxs se transforman en gauchos y chinas, aunque no con sus pasos, vestimentas y roles de género tradicionales. En cuanto a la coreografía, integran, además de su base, reminiscencias de danzas afro, flamenco, y un recorrido por los distintos géneros del folklore argentino: de la chacarera más festiva, a la zamba más conmovedora, con una versión instrumental de Perfume de carnaval de Jacinto Piedra y Peteco Carabajal.

Tampoco es tradicional el vestuario. En el comienzo, lxs bailarinxs visten trajes color carne que ponen el foco en los movimientos y la tensión de los músculos al golpear el suelo. En este sentido, hay similitud con la intención del final de Existo, aunque en orden inverso: la ropa llega hacia la mitad de la obra, cubre los cuerpos con colores vibrantes. La pieza avanza pasando por los distintos ritmos y otorgando espacio para que cada bailarín se luzca, un poco como pasándole la posta, solos y parejas van tomando el centro de la pista. Parejas no binarias, que producen una actualización y trastocan los modelos tradicionales.

Esta obra también, aunque con otro tono, también es una fiesta. Una fiesta al folklore, a la argentinidad y, más allá, a las raíces latinoamericanas. Si bien la energía está marcada desde el principio, se desata en su plenitud tras la intervención de una de las bailarinas que ingresa con una línea de ropas atadas, que tiene la extensión de todo el salón. Así, cada bailarín se viste con colores y estampados que traen aún más vida a la pista, y esta se convierte en una peña, intervenida de tanto en tanto por los sapucais de Daniela López, que lleva adelante los momentos álgidos de la pieza.


Grupo de bailarines en un escenario oscuro con luces moradas; mujer central grita con expresión intensa y dramática. Existo y Masaca
Un conjunto de bailarines ejecuta una coreografía intensa en el escenario, comunicando emociones profundas mediante movimientos expresivos y una iluminación impactante.

La alegría de lxs bailarinxs de Masaca es contagiosa hasta la emoción.

Ambas obras, desde sus apropiaciones y cuestionamientos, nos presentan cuerpos en estado de disfrute. Cuerpos moviéndose al sentir la música atravesando cada fibra. En tiempos en que en el diario dejamos de lado a los propios, ver este tipo de obras nos recuerda la potencia de estos, no sólo en su destreza física, sino su carácter sensorial. Cómo es que, cuando algo nos atraviesa, se deja sentir en el cuerpo, en la piel de gallina, el hormigueo en los pies, en la panza, en el sentir hasta los huesos.


Hay una sensación de liberación colectiva que marcan ambas piezas. Partiendo de la misma base, la danza contemporánea, y quebrándola a partir de cruces con distintos géneros, tanto Existo como Masaca nos presentan una liberación del cuerpo, de sus categorías e identidades, para poner el foco en el placer que el movimiento genera en estos. La danza es catarsis colectiva desde el principio de sus tiempos, y a cada tiempo, cada catarsis necesaria.



PH: Carlos Furman.


 

 Del escenario a la teoría.


Si Existo y Masaca muestran cómo el cuerpo puede reinventar la identidad a través del movimiento, La construcción del yo. Del cuerpo al lenguaje ofrece herramientas para pensar ese mismo proceso desde la filosofía, la experiencia y el lenguaje.


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