Cuerpos de Texto| Primera edición | Poesía
- Noelia Bermudez

- hace 2 días
- 3 min de lectura
Mi nombre es Noelia Bermúdez Nací en Montevideo, Uruguay, en el invierno de 1978.
En el verano de 2007 emigré a España y actualmente vivo en Estepona. Escribo poesía como una forma de entender lo que me atraviesa. En la palabra encuentro un espacio de pausa, de resistencia y de reconstrucción. Mis poemas nacen de la necesidad de nombrar la luz y la sombra que conviven en mí.
Instagram: @avecesescribopoesia · @nonabermu
URUGUAY
Volver a casa,
a las veredas rotas,
al aroma tibio de la panadería del barrio,
al sonido breve y firme
del último sorbo del mate.
Volver,
el sol deshaciéndose lento
sobre el Río de la Plata,
los abrazos que no preguntan
y siempre hacen falta.
Caminar la placita de siempre,
donde la raíz se afirma,
y escuchar, con una nostalgia dulce,
el canto colectivo
del pan quemado,
cuando alguien se equivoca
y, desde la infancia
se vuelve a empezar.
A lo lejos, un repique
nos recuerda
que nadie nos enseña a vivir,
que todos,
de algún modo,
vamos improvisando
PIECITO
No hay frase
ni canción
ni poema
que alcance a hacerte justicia, amor.
Llegaste
cuando el miedo aún hablaba
con voces heredadas,
y me hiciste piecito…
Y entonces vi más lejos.
Y entonces pude ver más adentro.
Alejaste los fantasmas
que venían de serie,
los que yo confundía con mi nombre,
los que habitaban rincones imposibles.
Me diste un mapa,
y con una ternura paciente
me mostraste que el tesoro
estaba doblando la primera esquina.
Me enseñaste también
a escuchar
el sonido del silencio.
Por eso,
no hay frase
ni canción
ni poema
que te haga justicia, amor.
Raíces abiertas
Contarle al mundo
que fuiste tierra,
semilla,
raíces abiertas.
Que fuiste madera
antes de ser papel.
Que conociste el viento
cuando todavía tenías ramas.
Que te blanquearon las cicatrices,
pero no la memoria.
Mostrarle al mundo
que sos de papel.
Que te arrugás,
que se te diluye la tinta,
que podés mojarte,
incendiarte
desaparecer.
Pero, aun así,
seguir siendo
la historia del árbol
escrita de otra manera.
Nadie
imagina un bosque
cuando sostiene una hoja
entre las manos.
Color olivo
Me gusta
que dudes,
que te revises.
Que no te tragues
lo que dijeron
como si fuera absoluto.
Que mires
—que de verdad mires—
con tus ojos
grandes,
color olivo.
Que sientas
sin nudos
sin permiso.
Me gusta
cuando te desarmás
y te volvés a armar,
lleno de preguntas.
Cuando te leés
como si fueras
un idioma nuevo.
Cuando me leés
como si yo
también lo fuera.
Tus manos
no sé si terminan
o empiezan en mí.
Tu boca
que lanza verdades
que caen
como golpes
o se abren
como flores.
Tus ideas,
ardiendo.
Tu risa
rompiendo algo
que se agita en el aire.
Vos,
cerca.
La noche
respirando despacio
mientras dormís.
Yo,
cerca.
Un acto simple
Si me elegís,
que sea lento,
como quien abre la ventana un poquito nomás,
para que la brisa entre sin desordenar el cuarto.
Si me elegís,
entendé que cambio,
como cambian las mareas,
sin pedir permiso.
Si decidís quedarte,
quedate con todo:
con mis claros y mis sombras,
con la fe y la pregunta,
con los gritos que no digo
y los silencios que gritan.
Si me elegís, amor,
que sea un acto simple,
quedarse,
cuando el mundo invita a irse.
Noelia Bermúdez
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