Cuerpos de Texto | Primera edición |Poesía
- Nora Cruz Flores
- hace 1 día
- 3 min de lectura
Nora Cruz Flores (Naucalpan, México, 1994) es poeta y crítica. Su primer libro publicado se llama Fracción continua (Fondo Editorial del Estado de México, 2022) y su trabajo crítico se puede visitar en el Instagram @capitanacapibara y en el Substack Capibara Escribe.
Ciudad y país de residencia: Ciudad de México, México.
Cuatro poemas
Nora Cruz Flores
observa los árboles de limo: se retuercen
y se funden como piedras
de un presente inaccesible
o retumbos
de un pasado que todavía no se deja ver
sus muñones secuestrados por el tiempo
articulaciones dañadas y sin hojas
buscando otra desesperación
un oído
otra mano
otra voz a la que aferrarse
aparecer en tu ciudad que ya no es tuya
y tú dispersa en fragmentos por la tierra
aparecer en tu memoria ahora sin gente
tu memoria de fantasma en la humedad
de los hoteles oscuros de las boutiques
donde solían estar bares y librerías
las vías rectas que trazaron los fascistas
aparecer maquínica y sin sentido alguno
en medio de una calle y otra calle
la classica straniera con un’aria strania
que gira stanca tutta la città
tendría un cigarro encendido entre los dedos
haría figuras con el humo de mi cigarro
hablaría contigo sobre los dioses muertos
nos sentaríamos frente a la plaza de España
y miraríamos el edificio donde vivió Keats
y dejaríamos el silencio de hoy en la plaza
y tomaría tu mano y acariciarías mi rostro
y caminaríamos hacia una cafetería
nos tomaríamos un espresso en la barra
seguiríamos caminando sin rumbo
entre las ruinas de mañana los palacetes
llegaríamos al río y me dejarías tomarte
una fotografía que apenas recuerdo
tu cabello negro oscureciendo tu rostro
tu mano larga acicalando tu cabello
y en el fondo de tu rostro una recámara vacía
una larga resignación que es casi una sonrisa
el bramido eterno de los kilómetros las calles
el ruido de los autos y las motos por la vía
la convulsión entre dos labios separándose
la historia sofocando sin mirarnos
si encuentro reposo en esta palabra
creo que es dios y no es no tiene
nombre ni rostro, pero lo invento
aún invento a dios en la sopa del día
a dios en los primeros rayos de la farola
pegada a mi habitación en la oscuridad
de mi mundo hurgando por hallar un dios
invento a dios en el poema y entonces
se levanta de la página débil viscoso
y extiende su llaga flamígera y me detiene
“no me nombres” me implora “no quiero
sostener esa carga, apenas y tengo
ganas de estar vivo” y se vuelca se cierra
dios es pequeño como un grano de arena
como una pregunta que nadie responde
y todos los días flota en este poema
riega flores que no hay no pasea a su perro
y espera que nadie nunca lo recuerde
para Emi
donde no sabemos nada y el tiempo
desemboca en sí mismo, confunde
donde a veces nada nos tenemos
que decir para estar juntas
tú junto a mí
yo contigo
amante, cargo un hormiguero de palabras
que no me deja en paz, cargo un hambre
que me vuelve insaciable, cruel incluso,
veo tus ojos y sé que la conoces
hambrienta tú
ambas hambrientas
y existen poco tiempo y poco espacio
para que lleguemos a saciar esa hambre,
y existen lobos y corderos en el mundo,
y existen llanos eternos de curiosidad
a dónde no sé ir
por lo que no podemos ver
no es desesperación ni es el desierto, pero
amante, cargo un hormiguero de palabras
que me quiebran y se quiebran de vez en cuando,
y el peso del mundo se descontrola, agobia,
y tú duermes muy cerca,
te siento dormir en mis sentidos,
y entonces no hay tiempo aquí
y la carga se ajusta, se sacia,
por un instante, el hambre.
.png)
