Hacer danzar la memoria. Sobre "Nunca Más" Distinción de Honor en el Festival Internacional de Revista Mariné "Refracción 2026"
NUNCA MÁS. Dirección y Producción: Leonel Cieri. Coreografía e Intérpretes: Sabrina Ambrogio, Virginia Romero, Rodrigo Sisterna, Carolina Vocos, Micaela Hoz, Rebeca Dünkler, Lean Guzmán, Lea Acosta, Paula Miranda. Filmación y Edición: Nico Bocco. Música Original: "Green Lover" de Lisandro Aristimuño. Localidad / Origen: Córdoba Capital, Argentina. País de producción: Argentina País de residencia: Argentina. Año de realización: 2023. Duración: 04'15''. Instagram / Sitio web: @leocieri_
Hacer presente lo ausente a través de la danza es una acción política: la imagen en movimiento no borra la pérdida, sino que convierte la falta en un acto colectivo de memoria. —
Jelin (2002, p. 94)
Existen acontecimientos que las sociedades intentan recordar, y existen heridas que tienen la obligación ética de no olvidar. Nunca Más se instala con rigor en ese umbral insoslayable.
La obra toma como punto de partida la historia atravesada por el terrorismo de Estado de la última dictadura militar argentina y halla en la corporalidad una vía para reabrir aquello que el silencio pretendió clausurar. Sin embargo, elaborar la memoria desde la videodanza no implica mimetizar el horror de forma literal. Significa permitir que el pasado irrumpa en la densidad del presente. Significa encarnarlo en un cuerpo, en un gesto, en un encuadre, en una presencia irreductible.
A menudo se concibe la memoria como una entidad estática: una fotografía de época, un documento de archivo, una placa con nombres. Nunca Más postula una alternativa indispensable: la memoria como dinámica kinesiológica y afectiva.

Porque hay memorias que rehúsan la inmovilidad. Memorias que retornan, que perturban el confort del presente, que transitan de generación en generación y que exigen un espacio de resonancia. Poner en movimiento aquello que la violencia intentó borrar es una operación consustancial a REFRACCIÓN. El cuerpo atraviesa la historia y muta; pero la historia, al atravesar la carne, revela sus marcas impagables. En ese encuentro, la danza se erige como una estrategia de resistencia contra el borramiento instituido.
No se trata de restituir la pérdida bajo la ilusión de una presencia intacta; se trata de hacer presente la ausencia. Se trata de asumir que en la pantalla también comparecen los cuerpos a través de su falta. La videodanza habita con maestría esa dialéctica: presencia y desaparición, destello e invisibilidad, vestigio y actualidad. Un cuerpo se mueve, pero en su vibración resuenan las ausencias de los otros. La masa de los que estuvieron, de los que faltan, de lo que jamás debe reincidir.
La obra nos interpela: la memoria no es un monumento al pasado, sino una praxis del presente. Recordar es reencuadrar, nombrar de nuevo, restituir el movimiento. Y el cuerpo es, quizás, el territorio más sagrado para esa tarea. Porque el cuerpo respira, tiembla, vacila, insiste y persiste. En Nunca Más, la danza es un acto de porfía: la afirmación tajante de que aquello que se intentó exterminar reaparece no solo como reclamo, sino como pura presencia viva.

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