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Offerre

Por Marina Julieta Amestoy (Mariné)

Ofrenda de Eugenia Bekeris con curaduría de Nadia Salem.

Centro Cultural Recoleta (Sala 13) Junín 1930, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 25 de junio – 26 de julio de 2026 Horarios de visita: martes a viernes de 12 a 21 sábados, domingos y feriados de 11 a 21 h

Entrada: libre y gratuita (Ingreso por orden de llegada hasta agotar capacidad)

La atención es vitalidad. Nos conecta con los otros.

— Susan Sontag, Reborn: Journals and Notebooks, 1947–1963


La palabra ofrenda proviene del latín offerre: llevar hacia el otro, acercar, presentar, poner delante. Toda ofrenda implica salir de sí. Nadie ofrece algo desde la distancia. Se trata de un movimiento que supone disponibilidad frente a aquello que excede nuestra voluntad de comprender.

Hay en esa etimología una entrada posible a Ofrenda, la exposición de Eugenia Bekeris con curaduría de Nadia Salem. A lo largo de más de tres décadas, la artista ha sostenido una práctica que no busca imponer una lectura del mundo, sino establecer una forma de relación con lo que tiene delante. Ese gesto se repite, aunque cambien los contextos, los cuerpos o las materias.

Desde sus primeros trabajos vinculados a la genealogía atravesada por la Shoá hasta los retratos de sobrevivientes del Holocausto, las series realizadas junto a familiares de desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado, los dibujos producidos en juicios por delitos de lesa humanidad o los encuentros con comunidades mapuche, la obra de Bekeris se sostiene en una misma decisión: no apartarse frente a aquello que exige ser visto. Más que representar hechos, su trabajo se construye como un espacio de escucha.

La pregunta nunca fue qué dibujar.

Siempre fue cómo acercarse a eso que se ofrece sin apropiárselo.


Dos mujeres en silueta observan seis dibujos abstractos enmarcados en una galería, sentadas en un banco bajo luz tenue. Ofrenda

Póster gris de la obra Ofrenda, con texto sobre Eugenia Bekeris y un código QR que dice SCAN TO READ ENGLISH VERSION.

En Ofrenda, ese recorrido no se interrumpe: se desplaza. Los árboles, las raíces, los troncos y las ramas no introducen un giro temático, sino una continuidad en otro registro. Lo que cambia no es la lógica del trabajo, sino aquello hacia lo cual se orienta. La artista no abandona una forma de acercamiento; la desplaza hacia otra materia.

En Lo que vemos, lo que nos mira, Georges Didi-Huberman recuerda que toda imagen implica una zona de opacidad que resiste ser absorbida por la mirada. No todo lo visible se deja reducir a lo que creemos ver. Algo permanece siempre fuera de alcance, preservando una distancia.



Dibujo a tinta verde de un árbol y matorrales; abajo hay notas manuscritas en español sobre el paisaje.Ofrenda

Los árboles de Bekeris comparten esa condición. No se ofrecen como símbolos ni como ilustraciones de una idea previa. No buscan traducirse. Se presentan como lo que son, sosteniendo una existencia que no se agota en la interpretación.

En ese mismo sentido, John Berger escribió que dibujar no es copiar una apariencia, sino descubrir una relación. Cada trazo se produce en el tiempo de ese encuentro, en el intervalo entre quien observa y aquello que se deja observar.

En Ofrenda, esa temporalidad se vuelve visible. La tinta se deposita sobre el papel como acumulación de tiempo. No hay gesto inmediato. Hay demora, insistencia, capas sucesivas que construyen la imagen como si esta fuera apareciendo mientras se la mira. La técnica no se exhibe: se disuelve en el proceso.

Pasillo de galería con dibujos enmarcados de un árbol y un banco; tonos grises y beige, ambiente silencioso. Ofrenda



Estos dibujos no funcionan como paisaje ni como objeto de estudio. Conservan una densidad propia, una autonomía que impide reducirlos a una lectura única. Permanecen ante nosotros como presencias antes que como significados.

Y es precisamente esa reserva la que sostiene su intensidad.








Boceto a tinta sobre papel beige con vegetación esbozada y notas manuscritas en español; aspecto íntimo y artístico. OFRENDA

La exposición desplaza la experiencia hacia otro ritmo. Ya no se trata de interpretar rápidamente lo que se ve, sino de habitar el tiempo que la obra propone. Ese desplazamiento es central: modifica la relación entre quien mira y aquello que aparece.

En ese punto, la lectura de Nadia Salem resulta decisiva. La curaduría no organiza las obras como un recorrido lineal, sino como un campo de relaciones donde la práctica de Bekeris se expande sin perder su núcleo. Allí donde podría haber ruptura, hay continuidad; allí donde podría haber tema, hay procedimiento.

Las obras de Ofrenda no representan naturaleza. Tampoco funcionan como metáfora de otra cosa. Son cuerpos atravesados por el tiempo, superficies que conservan huellas, formas que no se agotan en lo visible inmediato. En ellas, la temporalidad no es concepto: es materia.

Su trabajo vuelve sobre una pregunta que la atraviesa desde siempre, aunque cambien sus objetos: cómo sostener una relación con lo que se presenta sin reducirlo, sin traducirlo de inmediato, sin capturarlo.

Frente a esos dibujos, la artista repite un mismo gesto que atraviesa toda su trayectoria.

Se detiene.

Escucha.

Dibuja.


Persona sentada en un banco frente a seis dibujos enmarcados en una galería tenue. ofrenda


La tinta no registra una imagen acabada: acompaña un proceso. Cada trazo es una forma de acercamiento que no busca apropiarse, sino aproximarse.

Volver a offerre es volver a esa disposición.

Llevar hacia el otro.

Acercar.

Presentar.

Poner delante.

Quizá toda la obra de Eugenia Bekeris pueda leerse desde allí.

No como una búsqueda de respuestas.

Sino como el gesto sostenido de permanecer frente a lo que nunca termina de revelarse.

Curaduría de Ofrenda: Nadia Salem

Nadia Salem es diseñadora industrial y artista visual. Su práctica se extiende a la escenografía y la gestión cultural. Como artista multidisciplinaria explora las relaciones entre el espacio y la obra. Desde hace tres años dirige y gestiona una galería-taller en el barrio de Colegiales, Buenos Aires, donde la producción y la exhibición conviven, habilitando nuevos vínculos entre la creación artística y el lugar que esta habita.


Todas las fotos pertenecen a Mora Kucan

Mora Kucan es fotógrafa y licenciada en Gestión de Medios y Entretenimiento de la Universidad Argentina de la Empresa. Desarrolla su trabajo en fotografía de moda, editoriales y producciones culturales. En Revista Mariné realiza la cobertura fotográfica de performances, eventos y prensa, aportando una mirada orientada a la narrativa visual y el registro documental.



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