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Vivir en la cuerda floja. Acerca de: La farsa de los artistas de Guido Inaui Vega.

Actualizado: 24 feb

Nina. - Ahora ya no soy así…Soy una verdadera actriz, trabajo con fervor, con pasión, estoy como poseída en el escenario y me siento espléndida, ahora que estoy aquí, camino, camino y pienso, pienso y siento que cada día crecen las fuerzas de mi alma… Ahora sé, comprendo, Kostia, que en nuestro oficio – es lo mismo escribir o hacer teatro- lo esencial no es la fama, ni el brillo, ni aquello con lo que soñábamos, sino saber resistir…, saber llevar su cruz y tener fe. Yo tengo fe y padezco menos; cuando pienso en mi vocación no temo a la vida.

La gaviota, Antón Chéjov,1896

 

pH: Nadine Duchini. Edit.: Mariné Amestoy.


 

Los sábados de febrero se presenta, en su segunda temporada, La farsa de los artistas, dirigida por Guido Inaui Vega. Una obra cuya creación, pareciera tener la única finalidad de llegar al corazón del público, mostrando el (no tan oculto), detrás de escena que puede tener la carrera de un actor o una actriz. Como la vida misma, en un loop extraño, Mauro Kohl, Nati Morelli, Pilar Reitú, Julia Simón, Mora Staffa, Tobías Wainer (los protagonistas de la obra) hacen su presentación con la singularidad de que, en cada función, se le suma un artista “secreto” como invitado, quien cumple el papel de interlocutor entre la audiencia y quienes están en escena. La farsa de los artistas es una pieza sumamente interesante no solo para el amante del teatro, sino para el estudiante o aficionado de este lenguaje artístico, es decir, aquel que transite dicho espacio o no. Este será quien, probablemente, se sentirá representado en/dentro/con la mise-en-scène.

Ataviada con frustrantes ejercicios de improvisación y calentamiento actoral, “El método Kairós” se transforma en una vidriera de relatos reales o en un simulacro de los sueños de estos personajes que anhelan el aplauso o la aceptación de un director y una mentora actoral.



pH: Nadine Duchini Edit.: Mariné Amestoy.


 

Desde un primer instante, mientras el público se acomoda en los asientos, se da lugar a la acción. Simulando una entrada en calor, los intérpretes se deslizan por el suelo, saltan, corren, leen textos, lo memorizan, miran al espectador y se miran entre ellos. Se vuelve notorio, así, un trabajo de dirección que (de)muestra cierto camino personal por parte de los protagonistas, un firme recorrido en el mundo del teatro. Todo el ritual interno y externo que una actriz o actor realizan está ahí en conflicto...Vertido sobre el escenario. Rápidamente, aparecen ejemplificadas la angustia, la ansiedad, tanto como los nervios y el hambre por el éxito, representado, íntegramente, mediante dos personajes que exigen, a veces, demasiado o que buscan la perfección aplicando las peores “técnicas”, mientras los otros intentan cumplir con estos a cambio de un aplauso. Si olvidan traer el texto tienen que suplicar perdón de rodillas, si sienten demasiado están fuera del “proyecto” o tienen que intercambiar roles y género. Otros tienen que correr mientras dicen sus monólogos, así como otras desnudarse hasta el espíritu mientras son Lady Macbeth. Ejecutantes que deben sentir dolor humillación y frustración para ser artistas de escena y así vivir en la cuerda floja cuando de profesión se es actuante.



Como en la cotidianeidad, hay algo que limita, estrechamente, entre lo cómico y lo dramático, durante toda la puesta y se pone en evidencia con una narración rabiosa, como es La farsa de los artistas. Sin (demasiada) iluminación, sin espejos, con telones negros, con una cinta de papel que delimita el espacio, junto con kilos de hojas en el suelo que anclan, también, en las paredes se termina por configurar un sitio desprovisto de (mucho) color, alimentado por textos que sus personajes transitan, mastican, aman o tiran a la basura; esa es la única escenografía que nos lleva a las clases de teatro, en las que se bloquea cualquier estímulo externo para el binomio -cuerpo, mente- concentrado en el ejercicio y en el entrenamiento. Por un lado, un joven director que dirige, sin obra, ni razones claras a sus dos intérpretes y, por otro, una mujer que se presenta como una severa entrenadora actoral cuyo proyecto está conformado por tres estudiantes. En ambas historias, (entre)cruzadas, hay algo de “actuar” la vida y de, por momentos, fingir el goce de ser parte de una singular urdimbre artística. Es una obra dentro de otra, o un ensayo dentro de otro ensayo, que demuestra cómo se sigue hasta las últimas consecuencias con la meta de vivir de lo que amo.



 

La farsa de los artistas se estructura en sesenta minutos de pura práctica dramática. Una obra que le enseña al mundo los diferentes estados emocionales de quienes hacen teatro. Una producción ideal para ir a ver si usted piensa que ser actor o actriz es un trabajo fácil. Una forma de admirar aún más al teatro si usted está enamorado de él. Una entretenida historia que está compuesta por situaciones que fácilmente, se podría decir, son reconocibles como verídicas. Un mensaje que habla acerca de la vocación, sobre amarla o simplemente sobrellevarla y/o, sobre todo, de resistir la caída del telón como estilo de vida...


Recomiendo mucho verla.


 

La farsa de los artistas. Dirección: Guido Inaui Vega. Actúan: Mauro Kohl, Nati Morelli, Pilar Reitú, Julia Simón, Mora Staffa, Tobias Wainer. Artistas invitados: Matías Bassi, Antonella Belén Van Ysseldyk, Valentina Brishantina, Tiziana Fichera, Fernando Garcia Valle, Guido Inaui Vega, Yoska Lázaro, Antonella Lence, Braian Ross, Carolina Sanchez Alvarez.


Teatro: El método Kairós, El Salvador 4530, Buenos Aires, CABA.

Funciones: sábados 20:30hs, hasta el 30/03.

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