top of page

"Haciendo visible lo (in)visible": Sobre "Los Bienes Visibles" de Juan Pablo Gómez.


 

Luego de agotar entradas en su primera apertura pública en Fundación Cazadores, Los bienes visibles se puede ver los lunes a las 20 horas en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, Chacarita). Juan Pablo Gómez, su director, nos invita a adentrarnos en un mundo sonoro que encarna los límites de la verdad: dos hermanos cuidan de su anciano padre que se aleja a "mil kilómetros por hora" en un espacio de delirio, poblado de voces que empujan, invisibles, y acechan un relato en donde envejecer se convierte en el tópico central.






 

El padre interpretado por Enrique Amido, los hermanos encarnados por Patricio Aramburu y Anabella Bacigalupo y Agustina Reinaudo en el rol de cuidadora, presentan la fábula del padre como problema universal, en donde la vejez y la soledad te envuelve e interpela la manera en la que cada uno de los espectadores la perciben y vivencian.



 

 

Los bienes visibles produce reflexiones profundas sobre cómo el lapso del tiempo da forma a nuestras vidas y relaciones, y cómo los actos de cuidado y atención se convierten en pilares fundamentales de nuestra vida. La obra teje un relato que aprehende la naturaleza de estos tiempos vertiginosos transformándola en una historia cercana y universal, y presenta a la vejez como una etapa que llega, inevitablemente, a nuestros padres y a nosotros mismos; estamos toda la vida preparándonos, pero no estamos listos para la realidad que nos acecha. Nos vemos adentrados en un bosque de recuerdos, donde las figuras que amamos y conocimos se disipan, ¿dónde están? ¿Dónde quedó nuestro lugar en este mundo? Cada día que pasa es limitado. Despertar, dormitar y volver a despertar sin saber cuándo se va a acabar. Cada vez controlas menos cosas y aprender a vivir esta fase de la vida se convierte en una escuela diaria.



PH: Quimey Vivas. Edit.: Marina Amestoy.


 

El porvenir, la ansiedad de saber cómo llegar a afrontar estos escenarios de la vida moviliza al público espectador, lo entretiene y lo hace pasar de la risa al llanto. Ser joven es como tener un libro en blanco, a medida que los años pasan el cuaderno se reduce, queremos agregar más páginas y no se puede, porque la costura de ese libro no te deja. La vejez llega sin que la invitemos, y nos acompaña hasta el final de nuestros días.

 


 



La propuesta dispone a los espectadores ubicados en sillas y tarimas, en distintas alturas y cercanías con el elenco. Se escuchan ruidos que se transforman en melodías y voces que se fusionan con un mismo hilo conductor: actores, performers, músicos, emergen y recorren el espacio, se suben a las tarimas y se acercan tanto al público que uno puede sentir su respiración. Todo el tiempo algún actor te da la espalda, hay gesticulaciones y actos que te perdés y solo se recuperan a través de la mirada de los otros. El desplazamiento de los cuerpos y la transmisión de los sonidos denota un trabajo minucioso por parte de la dirección. Todo sucede como una composición que amalgama lo musical con lo espacial.


 

La soledad se empieza a llenar de ausencias. Nos creemos inmortales. El avance del deterioro físico y mental, ser codependientes, son los pilares de la obra; convertirse en una persona vulnerable e indefensa para afrontar las necesidades básicas de independencia, intimidad y relación con otros afecta la autoestima y la motivación ante la vida del padre en escena y los hijos que los rodean. Un tema tabú, del cual poco se habla, y cuando llega incomoda, irrita. La historia tiene un desenlace esperado, asemejado a la realidad, la vejez se apodera de ese padre y se convierte en hijo de sus hijos, donde transitar la aceptación del paso del tiempo se vuelve un desafío que interpela.


 

Gracias Fundación Cazadores por invitarnos a adentrarnos en un mundo donde la transdisciplinariedad de las artes emerge en cada instante.



 

Los Bienes Visibles. Actores: Anabella Bacigalupo, Patricio Aramburu, Carolina Saade,

Mariano Sayavedra, Agustina Reinaudo, Guadalupe Otheguy y Enrique Amido.

Espacio e Iluminación: Santiago Badillo. Vestuario: Roberta Pesci.

Composición musical y espacio sonoro: Guadalupe Otheguy. Sonidista: Pablo Leal

Asesoramiento en sonido: Ernesto Fara. Colaboración artística y coreográfica:

Andrés Molina y Mariana La Torre. Colaboración autoral: Diego Materyn. Diseño gráfico: Malala Valentini.

Producción: Brenda Lucía Carlini. Asistencia de dirección: Manon Minetti.

Dramaturgia y dirección: Juan Pablo Gómez.


 

 

Comments


Bio

1706735903693_resized.jpg

Críticas

Si te gusta Revista Mariné y querés ayudarnos a crecer, podes comprarnos un cafecito desde $400

 

(https://cafecito.app/revistamarine)

Etiquetas

bottom of page