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Escorpia, dos estados de una misma esencia: transformar para ser

Actualizado: 1 sept 2023

(…) Ahí está el cuerpo milenario, ontológico, esperando la oportunidad de revelarse en


esa divina proporción tónica entre tensión y distensión, que lo vuelve aire, agua, tierra,


fuego. Ahí está el secreto… En esa danza destructora que es eclosión del lenguaje.


Silencio de volcanes. Abrazo espiral.



Humberto Mussano, Silencio de volcanes (fragmento), Danzar mundos, Revista núm. 3




 

Danza y sinonimia



Hay en el escenario, dos bailarinas, dos sillas, dos lugares "quiméricamente" divididos aguardando al público y sus preguntas (que no sabe aún cuántas, ni cuáles serán), para revelar la entidad de lo que, mediante movimientos que parecieran amanecer desde un confín de opacidades y fulgores (ambas en diálogo, ambas en carne viva), simularán ser, en su dinámica y sinonímica enunciación, un “convite estelar” regido por pelvis, polleras piernas y pies que se desplegarán a medida que despierten y nos deslumbren-desvelen.



 


Escorpia, dos estados de una misma esencia: transformar para ser



 

Uno + uno no es (siempre), igual a dos



Una de las intérpretes, Julieta Zabalza, comienza a danzar arguciosamente, invitando a un ojo timbrado a ver con precisión, a descubrir en sus cadenciosos pasos y desplazamientos, su fémina poiesis. Ella baila, moviendo los cabellos y su falda y, mientras lo hace, parece estar habitando y siendo habitada por (uno) dos mundos. Julieta se erige y cae, salta y reposa, busca y encuentra y, cuando lo hace, “celebra”. Esta dualidad está presente a lo largo de toda la pieza coregráfica y es justamente en y por ella que Escorpia resuena en gemelos y prismáticos significantes. No así múltiples, porque el planteo coreográfico es simple, como la historia que se cuenta, sin que esto implique que sea menos complejo el resultado ya que, de por sí, la obra parece transcurrir en un espacio-tiempo fuera del mismo espacio-tiempo. Los méritos son para Marcos Chaves, director y coreógrafo de Escorpia.



 

Escorpia, dos estados de una misma esencia: transformar para ser


 

El mero acto de danzar demanda espacio, reclamando lugar, así como pasa en Escorpia también. Es justo ahí (en ese paraje sibilino e inexacto) donde la otra intérprete, una genial Teresa Sevilla hace su aparición en escena, bailando mientras Julieta descansa. Y así una y así la otra. Y así la otra y así una. En juego deíctico y estatuario, escribiendo historias con sus "escaléricos" pies y tobillos. Esta suerte de dialéctica en movimiento ocurre y mientras ocurre ya no hay monólogo posible, así sea que una sola esté danzando. Certeza encontrada: No existe Julieta sin Teresa. Como no existe el tiempo sin tiempo. Aquí y ahora es un lugar y allá, a lo lejos, también lo es.


 

La noche del alma en las aguas del ser...



Escorpia, dos estados de una misma esencia: transformar para ser

Hay en Escorpia dos danzas (una), dos tiempos (uno), sobre un paréntesis arrojado a un escenario de cielo sin astros ni lunas , que se (re)afirma en la presencia de dos cuerpos (uno), que parecen jugar a La noche del alma, en las aguas del ser…, gran acierto la edición musical a cargo de Martín Pereira. Un juego que en realidad no es tal porque, claro, ¿quién jugaría a ser cuerpo-danzante-poético- sin serlo, per se?





Marina Amestoy



 


FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA



 



Nota originalmente publicada en Revista Varda (https://revistav.wixsite.com/varda)


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