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Abandonar la hipostasia. Sobre: El ángulo muerto de Lucía Giannoni.

Actualizado: 3 ene

Cada cosa alrededor está a punto de rasgar la red con la que intentaba expandir la conciencia en todas direcciones. En cierto modo, parece justo retribuir la escucha que me ha dispensado el universo con un poco de atención a ese pedazo de mundo que habito. Y que está esperando por mí para recibir un nombre y manifestarse.


Juan Cristóbal Romero, Anteayer, 2015.



 

El ángulo muerto es más que una performance, pieza audiovisual, instalación o la hibridación de todas estas. Es una experiencia presente, en tiempo futuro. Un proceso y una posibilidad creativa que se destaca, bien por azar o coincidencia, por sus poliédricas, romboides y acutángulas lecturas.



 




Una foto del día de la función del Ángulo Muerto de Lucía Gianonni
pH: Mariné Amestoy



 

Ahora bien. ¿Qué es, entonces, El Angulo Muerto? Para ello, habrá que dejarse acompañar por las palabras de otros, otras, otres con lxs que poder interlocutar. Según Debord, en su libro, La sociedad del espectáculo (1967): (…) el espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. Tomando de referencia las palabras de este autor, la obra de Lucía Giannoni es, además de otras cosas, un espejo donde mirarse que nos ofrece la posibilidad de construir unicidad, inequívocamente, a través de este modo. Buen punto. Pero solo uno de los tantos que hay en la cartografía que nos toca explorar.



 




 

Foto del día de la función de "El Ángulo Muerto" de Lucía Giannoni
pH: Mariné Amestoy

El cuerpo, siempre el cuerpo, se conecta con “lo real” desde un lugar también real, aunque este sea de procedencia artística o estética. Esto arrojaría como resultado un territorio de accidentes tales como acantilados, colinas, barrancos, etc. como también “de ficción”, a decir: metáforas, anáforas, paráfrasis, hipérboles, metonimias, o lo que “ellas”, concretamente, representan. Parece complejo. Pues sí, lo es. Y es justamente por ello, que vale la pena, y el esfuerzo, intentar descifrar algunos de los bordes de esta (fabulosa) obra, que se escapa, en principio, al orden del etiquetado o la categorización.



 

pH: Mariné Amestoy.



 

¡Ay, Lucía!


Varios paneles. En ellos se proyectan imágenes oblicuas, diagonales, ladeadas. Todo es pura potencia poética y (des)carnada. Lucía aparece y no. Está presente y no. Está “allá “y también “acá”. Jugando con ese dualismo hasta liberarse de él, convirtiéndolo, así, en (otra) crónica (más). ¿Cuántos relatos-cuerpo se encuentran en El ángulo Muerto?



Lucía Giannoni siendo vista por el público.
pH y edit : Mariné Amestoy



 

Cuerpo tecnológico. Cuerpo humano. Cuerpo virtual. Cuerpo real. Cuerpo.




Dice Diana Taylor en su libro Performance, (2015), (…) El cuerpo tecnológico es el nuevo cuerpo humano, erotizado, “diseñado para estremecer” en los anuncios de Audi. El ideal de la belleza y la fuerza humana ha sido permeado por el cyborg. Hoy lo biónico está de moda. La tecnología que se reemplaza y sustituye por el cuerpo humano, a la vez, se convierte en la forma de imaginar estos nuevos cuerpos radicalmente alterados.



pH: Mariné Amestoy.



 

Entonces, ¿qué? Sumamos otro relato a los ya existentes. Ese cuerpo que vemos en pantalla, ese que está y no está, ese que se muestra de a partes, (des)fragmentado, nos “obliga” a una necesaria construcción, para, finalmente, ser comprendido como un maravilloso puzzle entramado en un dispositivo base de pieza partida. A sus alrededores nosotrxs, los “cuerpos duelantes”, vagamos sin un fin más que recorrer, ver y permanecer. Es así como, además, tenemos un borde de prosecución política que se reconoce por la forma de plantear la “falta de libertad”, “el ahogo” o “la necesidad de huir”. Lucía (des)hace a su antojo (¡y lo bien que hace!) las capas de sentido que se estremecen al encontrarse (y celebrarse) en una operación que implica tanto maniobras figurales como miméticas, verticales como pendientes, sígnicas como angulosas.



 

El poder figural no solo se articula en la disposición de lo que se da ver, sino que depende de la mirada dirigida a ello. Las artes vivas se organizan como encuentros y quien mira siempre está implicado de una u otra manera.


Victoria Pérez Royo, Cuerpos fuera de sí, (2022, pág. 102).



 

Acerca de un final (abierto).


Abandonar la mirada, es dar lugar a espacios que, de otra manera, nos sería muy difícil habitar. Abandonar no significa, ipso facto, dejar de ver. Por el contrario, es ampliar nuestro imaginario individual y colectivo. Es dar lugar a que el rostro exprese tanto como le sea necesario. Y eso, eso, es uno de los grandes hallazgos de esta obra. La propuesta de una libertad encaramada, “des viciada”. Una libertad que, al menos por un rato, somos portadores sin saber.




pH: Mariné Amestoy.


 

¿Porqué?

¿Por qué el silencio cuando me estás hablando?

¿Por qué tu piel?

¿Porqué?

¿Por qué la maravilla de tu ausencia?

¿Y la obstinación de tu presencia?

¿Porqué?

¿Por qué el cuerpo, porqué la materia?

¿Por qué la vida?

¿Por qué?


Mariné


 

El ángulo muerto. Idea, coreografía y dirección: Lucía Giannoni, Interpretación: Lucía Giannoni

Asistencia coreográfica: Diego Gómez, Asistencia de dirección: Rocío Barrenechea Bernárdez

Coordinación audiovisual: Rodrigo Cabral, Dirección audiovisual: Gonzalo Quintana, Hernán Quintana, Asistencia técnica audiovisual: Lucio Saralegui, Florencia Labat, Música original y diseño sonoro: Julián Rocha a.k.a Soft Wachin y Facundo Mauro, Diseño de escenografía: Valeria Nesis, Asistencia de escenografía: Magdalena Picco, Diseño y realización de vestuario: Den Gómez, Asistencia de realización de vestuario: Luisina Evangelista, Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi, Comunicación y prensa: Mutuverría PR, Colaboración dramatúrgica: Martín Flores Cárdenas, Producción: Magdalena Picco, Distribución y producción internacional: Rosa Studio.


Teatro: Artlab (Roseti 93), función 27/10, 20 30 ha.

Próximas funciones: 17/11 y 24/11, 21 ha.


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