Cuerpos de Texto | Primera Edición | Poesía
Aylén Cappelletti es técnica Universitaria en Gestión de Empresas de Moda y estudiante de la Licenciatura en Gestión Cultural en la UNMDP. Encuentra en la escritura y la pintura espacios fundamentales para pensar, sentir y construir sentido. Su mirada es sensible, pero minuciosa: observa, analiza y desarma procesos con atención al detalle y criterio estético.
Rota
Estoy rota
Por eso escribo
Para poder pegar las piezas
O justificar las faltas.
Estoy rota
Por eso escribo
Para encontrar una razón
Al abismo que mira desde el otro lado de la cama
Estoy rota
Por eso escribo
Mil versos en este lunes de madrugada
Estoy rota
Por eso escribo
En tu nombre
En tus piezas sobrantes
Estoy rota
Por eso escribo
Porque cuando tus palabras me ultrajan
Las mías son mi consuelo
Deriva 2
No me reconozco.
A veces me pregunto qué siente el pelo cuando
danza con el viento.
Ser alguien, decir algo.
Soy marea que rompe piedras,
rozando apenas el filo de la roca.
Si querés encontrarme,
búscame en mis sueños: ahí pertenezco.
Me derrumbo.
Me lanzo al precipicio en caída libre,
flujo impreciso que me deja a oscuras.
Revuelvo los escombros del derrumbe
intentando rescatar un pedazo de mí.
Me vengo abajo.
Mis pilares se revelan cuando duermo
y, al despertar,
el alma creativa que vive fuera de mí
delata un edificio en demolición.
Entonces el mar me nombra.
Entiendo de corrientes y surcos que supuran sal.
Quiero despedir este mundo de burbujas
voladoras.
Mis lágrimas llevan la bruma
que marchita los girasoles
de esta playa desierta.
Soy un cuerpo a la deriva
que se funde con el agua,
dejando que la piel se arrugue antes de los años.
Entre las olas,
mis personajes encuentran forma.
Me escondo.
Me sumerjo y salgo cubierta de barro;
la tierra se vuelve disfraz y refugio.
Quiero dimensionar el peligro,
perderme en camuflaje.
Entre papeles mojados
busco una salvación,
algo que decirles
para que me reconozcan.
Y entonces
Escribí.
Escribí en inconsciente.
Escribí incluso antes de existir.
Soy palabra viva en deriva.
Con el agua en la garganta
Escribí cuando mi voz estaba ahogada
Nunca más pude volver a hablar.
La ola rompiente
¿Qué espera el mar cuando ruge?
soltar la agonía de armarse y romperse
armarse y romperse
armarse
romperse
¿Y si faltan piezas?
¿Cuántas cosas se arman
y faltan enfrente nuestro?
cómo el mar
rugí
cuando quise
romperme
Vos te armaste en el silencio
con las piezas
que me faltaban.
Perdida
Estaba perdida
Caminando por versos
Pero me encontré
En cada palabra
No de esas que salen por la boca
Sino de esas que
Del corazón saltan al papel.
Cinco
Se hace tarde.
Me devalúo.
—Vivo en la Argentina —pienso—.
Yo, tierra de plata.
Plateada hoy,
la luz del sol encandila.
Dos ojos, detrás del triple cristal,
me saludan sonriendo.
Si supieran
que valgo menos que cinco.
—¿De dónde viene eso? —escucho.
Me quedo sorda.
El conejo mira.
Yo corro. Marca el paso.
Pierdo el tiempo.
Cinco menos cinco: sobran cinco.
Faltan cinco.
—¿Cinco centavos?
—Cinco razones.
Sin conocerte,
tus ojos miran.
—¿Qué ves?
—Uno.
—No es suficiente.
¿Siente él?
Nunca sé.
—No es suficiente.
—Faltan cinco.
Estas cuadras eternas,
instantes suspendidos.

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