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Cuerpos de Texto | Primera Edición | Poesía

7 ago
2 min de lectura

Aylén Cappelletti es técnica Universitaria en Gestión de Empresas de Moda y estudiante de la Licenciatura en Gestión Cultural en la UNMDP. Encuentra en la escritura y la pintura espacios fundamentales para pensar, sentir y construir sentido. Su mirada es sensible, pero minuciosa: observa, analiza y desarma procesos con atención al detalle y criterio estético.

Rota


Estoy rota

Por eso escribo

Para poder pegar las piezas

O justificar las faltas.

Estoy rota

Por eso escribo

Para encontrar una razón

Al abismo que mira desde el otro lado de la cama

Estoy rota

Por eso escribo

Mil versos en este lunes de madrugada

Estoy rota

Por eso escribo

En tu nombre

En tus piezas sobrantes

Estoy rota

Por eso escribo

Porque cuando tus palabras me ultrajan

Las mías son mi consuelo





Deriva 2


No me reconozco.

A veces me pregunto qué siente el pelo cuando

danza con el viento.

Ser alguien, decir algo.

Soy marea que rompe piedras,

rozando apenas el filo de la roca.

Si querés encontrarme,

búscame en mis sueños: ahí pertenezco.


Me derrumbo.

Me lanzo al precipicio en caída libre,

flujo impreciso que me deja a oscuras.

Revuelvo los escombros del derrumbe

intentando rescatar un pedazo de mí.

Me vengo abajo.

Mis pilares se revelan cuando duermo

y, al despertar,

el alma creativa que vive fuera de mí

delata un edificio en demolición.


Entonces el mar me nombra.

Entiendo de corrientes y surcos que supuran sal.

Quiero despedir este mundo de burbujas

voladoras.

Mis lágrimas llevan la bruma

que marchita los girasoles

de esta playa desierta.

Soy un cuerpo a la deriva

que se funde con el agua,

dejando que la piel se arrugue antes de los años.

Entre las olas,

mis personajes encuentran forma.

Me escondo.

Me sumerjo y salgo cubierta de barro;

la tierra se vuelve disfraz y refugio.

Quiero dimensionar el peligro,

perderme en camuflaje.

Entre papeles mojados

busco una salvación,

algo que decirles

para que me reconozcan.


Y entonces

Escribí.

Escribí en inconsciente.

Escribí incluso antes de existir.

Soy palabra viva en deriva.

Con el agua en la garganta

Escribí cuando mi voz estaba ahogada

Nunca más pude volver a hablar.


La ola rompiente


¿Qué espera el mar cuando ruge?

soltar la agonía de armarse y romperse


armarse y romperse

armarse

romperse


¿Y si faltan piezas?

¿Cuántas cosas se arman

y faltan enfrente nuestro?


cómo el mar

rugí

cuando quise

romperme


Vos te armaste en el silencio

con las piezas


que me faltaban.


Perdida


Estaba perdida

Caminando por versos

Pero me encontré

En cada palabra

No de esas que salen por la boca

Sino de esas que

Del corazón saltan al papel.


Cinco


Se hace tarde.

Me devalúo.

—Vivo en la Argentina —pienso—.

Yo, tierra de plata.

Plateada hoy,

la luz del sol encandila.

Dos ojos, detrás del triple cristal,

me saludan sonriendo.

Si supieran

que valgo menos que cinco.

—¿De dónde viene eso? —escucho.

Me quedo sorda.

El conejo mira.

Yo corro. Marca el paso.

Pierdo el tiempo.

Cinco menos cinco: sobran cinco.

Faltan cinco.

—¿Cinco centavos?

—Cinco razones.

Sin conocerte,

tus ojos miran.

—¿Qué ves?

—Uno.

—No es suficiente.

¿Siente él?

Nunca sé.

—No es suficiente.

—Faltan cinco.

Estas cuadras eternas,

instantes suspendidos.


Aylén Cappeletti
Aylén Cappeletti

 
 
 

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